#Fiscalquesirva une a oposición
El recambio de alianzas e “interlocutores” del gobierno con el dividido PAN enturbia la apertura del periodo en el Congreso. La división panista y la “guerra” de su dirigencia con el PRI abren una crisis en el Legislativo que amenaza su gobernabilidad y la agenda ...

José Buendía Hegewisch
Número cero
El recambio de alianzas e “interlocutores” del gobierno con el dividido PAN enturbia la apertura del periodo en el Congreso. La división panista y la “guerra” de su dirigencia con el PRI abren una crisis en el Legislativo que amenaza su gobernabilidad y la agenda del último año de legislatura antes de las elecciones en 2018. Entre otras cosas por la denuncia en el Senado de la voluntad del gobierno y su partido de aprobar la Ley de la Fiscalía General, que permitiría al actual procurador, Raúl Cervantes, ocupar en automático el nuevo órgano, pero con el telón de fondo de la creación del Frente Opositor. El Ejecutivo inicia su estrategia para posicionarse en el Congreso hacia el relevo presidencial, aunque parece olvidar que no puede actuar como la misma presidencia que había cuando tenía mayoría absoluta hace más de 20 años. Los Pinos no son lo que eran…
Como no ocurría desde 2008 tras la crisis por las elecciones presidenciales de 2006, cuando se modificó la Constitución para que el Ejecutivo sólo entregara el informe, el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, no fue al Congreso por no haber instancia a quien entregarlo, aunque en su lugar estuvo el subsecretario de Enlace Legislativo y Acuerdos Políticos, Felipe Solís. El bloque opositor en la Cámara de Diputados impidió la instalación de la Mesa Directiva contra el nombramiento de Cervantes, luego de que esa posibilidad aumentara por el desacato de una facción del PAN a su dirigencia en la elección del presidente del Senado. La confrontación puede derivar hasta una crisis constitucional, porque la ley no prevé qué pasaría si no hay acuerdo más allá del plazo del 5 de septiembre, en perjuicio de la aprobación de leyes de seguridad y justicia o el presupuesto 2018.
El litigio amenaza la gobernabilidad de la cámara en el último año de la legislatura, entre otras razones porque el Ejecutivo parece olvidar que no tiene mayoría absoluta para controlar al Congreso desde hace dos décadas. La fragmentación política hace muy riesgosas las estrategias divisivas y cambios de interlocutores con los grupos parlamentarios. La jugada de aprovechar una añeja fractura en el PAN (Madero-Anaya vs. calderonistas) y desconocer a Anaya lo golpea a él y sus aspiraciones presidenciales, pero también refuerza la cohesión de un bloque opositor que parecía menguar las últimas semanas. La respuesta del PAN, PRD y MC, en Diputados, ha sido cerrar filas con la dirigencia panista y apurar la creación del Frente Opositor, que podría presentarse esta semana. Si con la recomposición de alianzas el gobierno y el PRI pretendían sacar el nombramiento de Cervantes con mayor legitimidad de algunos votos panistas y, al mismo tiempo, aprovechar la fractura para debilitar al Frente Opositor, ello puede terminar por unir a la oposición y organizaciones en torno a la causa de eliminar el pase automático. La estrategia puede resultar un búmeran contra la nueva fiscalía y los aliados de Cervantes, los grupos calderonistas que rechazan el Frente Opositor por restar posibilidades a la candidatura de Zavala y compartir con el PRI el objetivo de frenar a López Obrador.
La declaración de “guerra” de Anaya contra el PRI fue el último desencuentro de viejos “interlocutores”, pero la respuesta priista carece de la fuerza legislativa para restablecer el equilibrio en el Congreso y puede ser el beso envenenando para las aspiraciones de los disidentes calderonistas que aceptarían el respaldo del gobierno para impulsar la candidatura de Zavala al interior del PAN. La dirigencia panista se dice dispuesta a sancionarlos por su rebeldía, aunque el costo político mayor de aceptar la presidencia del Senado es que su ascenso con el voto del PRI los haya empujado fuera del clóset a jugar con su viejo aliado en el poder en la defensa del statu quo contra López Obrador como el enemigo común de su proyecto desde el gobierno de Calderón.