Etiquetado, un fracaso en Sudamérica
El proceso de elaboración de la Norma Oficial Mexicana 051, que regularía el llamado Etiquetado Frontal de Advertencia, ha sido tan oscuro, que da señales de falta de sustento científico, por lo que terminará siendo impugnado por la vía del amparo.Una de las cosas ...
El proceso de elaboración de la Norma Oficial Mexicana 051, que regularía el llamado Etiquetado Frontal de Advertencia, ha sido tan oscuro, que da señales de falta de sustento científico, por lo que terminará siendo impugnado por la vía del amparo.
Una de las cosas que las secretarías de Economía y Salud, responsables de su elaboración, pasan por alto es que esto no es el Mercosur, cuyos países aprobaron, con matices, el etiquetado, sino que México mantiene una dinámica comercial con uno de los mercados más grandes de la región, que es Estados Unidos, y que afectará a miles de sus productos.
A esto habrá que agregarle que también mantiene un amplísimo flujo comercial con la Unión Europea, cuyos productos igualmente se verán afectados. Esto nos pondría en el escenario de disputas comerciales internacionales.
El problema de este etiquetado copiado del modelo chileno es que centra en la industria la estrategia para disminuir la obesidad y poco en la responsabilidad conjunta con las autoridades de aplicar una política pública que cambie hábitos alimenticios y actividad física.
Se equivocan las autoridades mexicanas, porque han sido omisas en darnos a conocer las evaluaciones de la aplicación de esta medida en los países del Mercosur.
Se ha reiterado que el modelo chileno ha sido exitoso, pero hay dudas de que sea así. Esta nación adoptó en junio de 2016 el etiquetado y la Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2016- 2017, que cubriría los primeros efectos de la medida, arrojó que el 74.2% de la población mayor de 18 años era obesa, siendo las mujeres quienes presentaban una mayor prevalencia.
Pero, en 2019, la OCDE reportó que el 74% de la población adulta en Chile sufre sobrepeso u obesidad. Esto lo sitúa en el país miembro con más alta tasa de obesidad y sobrepeso, por encima de México (72,5%) y Estados Unidos (71%).
Adicionalmente, el primer Atlas Mundial de la Obesidad Infantil realizado por la Federación Mundial de Obesidad predice que en 2030 más de 774 mil menores de 19 años serán obesos en Chile.
Los datos nos llevan a poner sobre la mesa la eficacia del etiquetado frontal, es decir, el trasladarle sólo a las empresas la responsabilidad de la obesidad.
La realidad es que las personas comen lo que quieren y cuando quieren, punto. Es una cuestión de hábitos que se generan como consecuencia del desarrollo económico también.
Por eso, el presidente López Obrador tiene razón cuando ofrece abrir un diálogo con la industria y dice que una campaña de orientación para el consumo de alimentos saludables es más importante que el etiquetado frontal, porque modifica las actitudes de los consumidores.
Pero para quienes enarbolan el modelo chileno como bandera, vale la pena citar lo que el ministro de Salud de ese país, Jaime Mañalich, ha dicho al respecto y que replicó el diario El Mercurio.
Inicia diciendo que los chilenos se han ido haciendo insensibles al etiquetado de advertencia y reconoce que el gobierno dejó de atender aspectos como la educación para combatir la obesidad.
“La gente se está haciendo un poco insensible al etiquetado. Eso, en parte, es porque los sellos son tan masivos en el sentido de que tú vas al supermercado y todo tiene etiquetas, que ya no produce el efecto discriminador en el consumidor”.
El ministro Mañalich subraya: “Con relación a la Ley de Etiquetado de Alimentos y nuestro problema de obesidad en el país, tengo la impresión de que, como política pública, apostamos demasiado fuerte al etiquetado y dejamos de atender otras acciones, sobre todo en el sentido educacional. Ahora el rendimiento de la ley está llegando a su límite”.
Y reconoce que “las cifras de obesidad en Chile siguen empeorando y no mejorando. Entonces, como política pública, este tema es claramente insuficiente para nuestra epidemia”.
En 2018 el Instituto Nacional de Salud Pública realizó un estudio, libre de conflicto de interés, en el que recomienda asumir el Etiquetado Frontal de Advertencia y descalifica el GDA, guía diaria de alimentación, que usan los productos en el reverso de los empaques actuales, por haber sido realizado por la misma industria europea.
Pero llama mucho la atención, por supuesto sin afirmar que exista conflicto de interés, que este instituto nacional recibe dinero de la Fundación de Michael Bloomberg, el exalcalde de Nueva York y un activista en contra de la obesidad y regulación de la industria.
Sin duda, el amparo será la vía para combatir esta norma. Pero habrá que tomarle la palabra al Presidente, que parece entender el alcance, más que quienes la redactaron.
