El transporte público: un calvario para los usuarios
Los usuarios afrontan el peligro como algo que ya es parte de su vida cotidiana. Salen a hacer sus actividades y abordan el Metro, microbuses, autobuses y taxis con la esperanza de llegar a sus destinos librándose de la delincuencia
Diariamente, millones de mexicanas y mexicanos usan el transporte público como medio de movilidad para llegar a sus trabajos, escuelas y citas médicas, entre otras actividades que son parte de su vida cotidiana. Lamentablemente, este medio ha ido de lo malo a lo peor y, hoy en día, opera bajo la regla de las tres “íes”: insuficiente, ineficiente e inseguro.
Los usuarios afrontan el peligro como algo que ya es parte de su vida cotidiana. Salen a hacer sus actividades y abordan el Metro, microbuses, autobuses y taxis con la esperanza de llegar a sus destinos librándose de la delincuencia.
Hay que reconocer que la situación económica de las y los mexicanos se ha vuelto especialmente vulnerable a consecuencia de la pandemia y, en ese sentido, el peligro de perder sus pertenencias y lo que tanto trabajo les cuesta ganar en el contexto actual hace de este problema un asunto de atención prioritaria.
Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), los datos del periodo 2017 a 2018 refieren que casi 300 mil personas dejaron de usar el transporte público por miedo a ser víctimas de algún robo. Y, de acuerdo con información del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a agosto de 2019 se denunciaron 12 mil 845 robos en transporte público colectivo, de los cuales, más de 70% fueron con violencia. Actualmente, la situación no ha mejorado.
Es lamentable que, aunado a lo difícil que ha resultado para la mayoría de las personas sobrevivir ante este contexto, quienes tienen que salir a trabajar desde muy temprano cada día, lo hagan con la zozobra de perder lo que ganan a manos de la delincuencia. Y es que, como siempre, los más vulnerables son los más afectados. Según los expertos, los crímenes suceden mayormente en las primeras horas de la mañana, en días laborales, y el riesgo aumenta en las zonas de alta criminalidad y violencia, así como para quienes viven más lejos de sus destinos y pasan más tiempo desplazándose. Si bien el robo en transporte público es considerado un delito de bajo impacto, sus consecuencias no son menores, considerando lo mucho que llegan a repercutir en la vida social y económica de las personas, pues muchas veces van más allá de la pérdida de dinero y pertenencias; hay quienes han sido víctimas de abuso sexual, violencia física e incluso quienes han perdido la vida durante un asalto en microbuses y autobuses.
Las medidas de seguridad que se han puesto en marcha contra ese delito, hasta hoy, no han sido las más efectivas, pues en determinadas regiones del país sigue representando una de las mayores preocupaciones de la población.
Los mexicanos merecen un servicio que, además de ser eficiente, suficiente y de calidad, garantice, ante todo, su seguridad y la intervención oportuna de las autoridades en caso de presentarse algún acto ilícito. Para ello, es necesario el uso de la tecnología y la coordinación entre autoridades de las zonas metropolitanas a fin de lograr estrategias conjuntas para combatir el robo a usuarios de transporte público.
- No se puede seguir permitiendo que la necesidad que tienen las personas de desplazarse sea tomada como nicho de oportunidad por la delincuencia, pues ahora, más que nunca, los ciudadanos están preocupados por asegurar y proteger su patrimonio y el sustento de cada día.
