¿El Presidente lo puede todo?
• Sea percepción o pretensión, lo cierto es que Narro Robles y sus colaboradores confirmaron que en las filas priistas se habla con desenfado y normalidad de que Moreno Cárdenas es el dirigente viable porque cuenta con la simpatía de Palacio Nacional.

Ivonne Melgar
Retrovisor
Veníamos de 36 años de un presidencialismo adelgazado que, sexenio a sexenio, disminuía su fuerza al legitimarse sólo con un tercio de los votantes, por lo que estaba obligado a pactar con los otros dos tercios de la oposición, incluyendo a las dirigencias partidistas, los gobernadores y sus representantes en el Congreso.
Pero el triunfo de Andrés Manuel López Obrador con el 53% de los electores nos devolvió de golpe, en 2018, al presidencialismo que lo puede casi todo, gracias a una mayoría legislativa favorable al gobierno y capaz de anexar a la adelgazada oposición.
Así que actualmente vivimos bajo la percepción —¿pretensión, intensión, peligro?— de que el Presidente quiere y puede tomar las riendas del Congreso e influir en los márgenes de acción de los gobernadores, en la designación de ministros de la Suprema Corte de Justicia (SCJN) y en el relevo de los consejeros y comisionados de los diversos órganos autónomos.
Y, a juzgar por lo sucedido esta semana, la gran novedad es que López Obrador también tendría la capacidad de incidir en la renovación de la dirigencia del PRI, como lo señaló José Narro Robles al renunciar a la candidatura para ese cargo.
“Son evidentes las muestras de que existe un preferido de la cúpula del PRI”, expuso el exrector, en referencia al alineamiento de los gobernadores de ese partido y del expresidente Enrique Peña Nieto en favor de Alejandro Moreno Cárdenas.
A esta cargada que terminó por someter a la dirigente priista, Claudia Ruiz Massieu —según la denuncia de Narro Robles—, se habría sumado el dedazo presidencial, animando y arropando al gobernador de Campeche ahora con licencia.
“Son groseros los indicios de intervención del gobierno federal en la misma dirección (…) Hay que evitar que las decisiones del PRI las siga tomando el Presidente en turno”, afirmó el exsecretario de Salud del sexenio peñista.
Narro Robles ha prendido las luces de alerta, después de que las estructuras y los personajes que prometieron apoyarlo, habían sucumbido a la presión de la dirigencia de Ruiz Massieu y de los gobernadores.
La línea y la disciplina son consustanciales al otrora partidazo de Estado. Lo inédito ahora es que sus administradores, con el expresidente Peña incluido, asuman que su futuro deba supeditarse al visto bueno del gobierno.
Sea percepción o pretensión, lo cierto es que Narro Robles y sus colaboradores confirmaron que en las filas priistas se habla con desenfado y normalidad de que Moreno Cárdenas es el dirigente viable porque cuenta con la simpatía de Palacio Nacional.
Independientemente de la veracidad de esa versión, lo que salta a la vista es la fragilidad, y acaso podríamos llamarle abdicación, de un partido que hace siete años obtuvo 15 millones de votos.
En los hechos, sin embargo, esta semana los senadores priistas, coordinados por Miguel Osorio Chong, cerraron filas con PAN, PRD y Movimiento Ciudadano para frenar la reforma que colocaría a López Obrador en la boleta de las elecciones intermedias de 2021.
La resistencia se acentuó cuando el Presidente propuso adelantar la revocación de mandato para el 21 de marzo, confirmando el peso que ese bloque opositor tiene en las reformas constitucionales que requieren de una mayoría calificada.
Mientras los senadores priistas perfilan una bancada en rebeldía, en caso de que el cambio de dirigencia de su partido busque romper ese dique de contención, el Instituto Nacional
Electoral (INE) ganó el primer round en el de-
bate público de la iniciativa del diputado morenista Sergio Gutiérrez Núñez que pretende la eliminación los Organismos Públicos Locales Electorales.
El foro que se realizó durante tres días en la Cámara de Diputados evidenció la soledad del consejero José Roberto Ruiz Saldaña, único defensor de la desaparición de los OPLES.
En contraste, los argumentos de Lorenzo Córdova, presidente del INE, del costo económico y político que tendría la austeridad electoral, fueron seguidos por una masa crítica de consejeros, magistrados, especialistas y dirigentes del PAN, PRI, PRD, Movimiento Ciudadano, PVEM y PT.
Frente a estos acontecimientos de la semana, advertimos que los actores de la cosa política parecen asumir que el histórico triunfo de hace un año de López Obrador dejó en la derrota, también histórica, a los perdedores de entonces.
Más cuando el presunto avasallamiento de la 4T activa su retórica de colonización, emergen los contrapesos de una democracia en la que, por ahora, el Presidente lo puede casi todo. Pero no todo.