¿Cómo nos organizamos? II

La semana pasada mencionaba algunas de las formas de organización que ha adoptado el hombre a través de la historia para controlar, distribuir, ceder o ejercer el poder político, el llamado poder público, con el que se gobierna naciones enteras. Mencionaba que el ...

La semana pasada mencionaba algunas de las formas de organización que ha adoptado el hombre a través de la historia para controlar, distribuir, ceder o ejercer el poder político, el llamado poder público, con el que se gobierna naciones enteras. Mencionaba que el esclavismo fue una de esas formas de organización política y su esplendor lo encontramos en el Egipto de los antiguos faraones, que gobernaron cinco siglos.

Sin embargo, con el desarrollo de la tecnología surgieron nuevas formas de producción económica y nuevas formas de pensamiento que dieron como resultado nuevas manifestaciones de organización, tanto políticas como sociales.

La monarquía fue una de ellas. Surgida en el tardío Imperio de Roma,  se creó como una forma de gobierno unipersonal, en la cual el poder político lo controlaba un solo hombre y era hereditario. Esta forma de gobierno rápidamente se extendió por el mundo entero formando reinos, principados, ducados, condados, y adoptó diversas modalidades, como la de los zares en Rusia, los califatos y emiratos en la región árabe de África y Asia y llegó hasta el Lejano Oriente formando dinastías como en China o Japón.

La monarquía fue una forma de organización social que, al no contar con contrapesos reales de poder, provocó infinidad de excesos de autoridad y, tal vez, las mayores atrocidades conocidas por el hombre, como las registradas en el espléndido libro Vlad Tepes, el Empalador y sus antepasados, del historiador Ralf-Peter Märtin y en el que se relatan la barbarie y las torturas cometidas por el príncipe rumano Vlad Tepes que en su afán por defender su territorio de las invasiones otomanas, creaba terror entre los ejércitos opositores. Actualmente, las monarquías han derivado en formas de gobierno más acotadas para el poder del rey; surgieron las llamadas monarquías constitucionales, donde el rey comparte el poder con representantes del pueblo elegidos democráticamente, o como la monarquía parlamentaria, donde el rey es el jefe de Estado y jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.

Con el tiempo, la monarquía ha convivido con otra forma de organización, la República, que como orden político delega el poder y el concepto de soberanía en el pueblo, quien elige a sus representantes. Esta forma de entender el poder, dio surgimiento a otra forma de organización social y política, la democracia aun cuando surgió en el siglo V en la Antigua Grecia. En ese entonces la democracia estaba reservada para los hombres adultos, nacidos en Atenas. Sólo ellos podían ejercer el voto en las asambleas, pero a pesar de este impedimento para que la población ejerciera la democracia, esta forma de organización creció y se consolidó, adoptando diversas formas, como la surgida durante la época de la Ilustración y de la Revolución Francesa, que con sus ideales de libertad, fraternidad e igualdad, consolidó el camino de la democracia y de la propia República al dividir el poder en tres Poderes que otorgaban contrapesos de uno en relación con los otros.

Con el triunfo de la Revolución Francesa, se consolidó la creación de un modelo de gobierno que fue y es de los ciudadanos; un modelo de gobierno que transformó la idea del hombre y le otorgó lo que hoy conocemos como derechos humanos. Hoy, la democracia y la República han adquirido diversas formas y sistemas de gobierno. En la próxima entrega, revisaremos estas formas de organización política existentes, sus orígenes y formas de integración social en el México de nuestros días.

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