Su alteza morenísima
No hay nada que festejar, la manipulada subvaluación del dólar sólo ha frenado las exportaciones, cobijando ineficiencias e imperfecciones de la relación bilateral

Gabriel Reyes Orona
México sin maquillaje
A pesar de que la mañanera es el mayor montaje televisivo en la historia nacional, al caudillo le parece que regresar quince años atrás sólo mantendrá al respetable atento a la ya tantas veces reprobada escenificación, sin advertir que igual serán vistas las teatrales puestas en escena cada vez que, a cuentagotas, llegan vacunas.
Olvida que lo reprobable de tales realizaciones es la promoción de los funcionarios al bate, y no así el trabajo, bueno o malo, de los comunicadores, ya que éstos sólo atienden invitaciones hechas por servidores públicos, siendo a éstos a quienes les está vedado el forzar apariencias con cargo a recursos públicos, más aún cuando atravesamos por un proceso electoral. Aceptar invitaciones a grabar las acciones que los servidores públicos pretenden propalar es materia de reclamo a los administradores oficiales y no a los que dejan constancia del tinglado oficial.
El montaje maestro —que se televisa todos los días— es el eje de otras reprobables producciones que tienden a hacer de la propaganda la principal acción de gobierno. Tal es el caso de los inefables montajes alusivos a la pandemia. Pero la estrategia es obligada, dado que el gabinete carece de experimentados técnicos que puedan reportar buenos resultados, y menos, sobre una base diaria. Constantes referencias históricas, que nada tienen que ver con la 4T, arman aburridas filípicas que el canal oficial tiene que transmitir para evitar que se hable de la fantasmal situación del gabinete. Las gráficas y presentaciones que se llevan a la pantalla no soportan el escrutinio de un experto, dado que son confeccionadas a modo de presentar supuestos logros o avances cuando, bien interpretadas, conducen a concluir exactamente lo contrario.
El más granado ejemplo es la supuesta buena noticia respecto del patético crecimiento del PIB que se espera para este año, olvidando que el porcentaje es resultado de la negativa y profunda tragedia acontecida el año pasado y no de un buen manejo de la economía. La recuperación, si así se le pudiera llamar, aún no asoma fuera del sótano, resultando un desempeño peor al mostrado por la economía tras las crisis de 1995 y del 2009. No hay nada que festejar, la manipulada subvaluación del dólar sólo ha frenado las exportaciones, cobijando ineficiencias e imperfecciones de la relación bilateral.
Sólo su alteza morenísima piensa que el T-MEC es provechoso para el país, cuando, en realidad, en lugar de ceder la mitad del territorio, se ha cedido el control de la mitad del aparato productivo, sujetándolo a reglas, imposiciones y sanciones, que harán del vecino del norte protagonista de un hostil proceso de toma del control de empresas mexicanas, sí, de las quebradas o las que quebrarían al cubrir salarios impagables en un país subdesarrollado, el cual perdió la discusión al asumirse —ideológicamente— en igualdad de condiciones con sus socios comerciales.
Hay quienes poco saben de lo ocurrido fuera de los linderos de Cuautitlán, y no saben que la minusvalía de las monedas constituye un mecanismo de expansionismo al surgir guerras comerciales, artilugio que no es privativo de China ni de Japón. Tampoco es fácil para algunos entender que pagar tasas de interés en deuda por encima del 4%, lejos de hablar bien del emisor, habla del grado de desesperación por mantener los adeudos que se han tornado impagables. Los rendimientos que se han pagado en lo que va del sexenio no hablan de altas tasas de retorno en los proyectos, sino de la inexistente liquidez.