Senectudes obradorianas

El Tercer Reich contó con las juventudes hitlerianas, jóvenes cuyas tiernas mentes fueron salvajemente adoctrinadas para alzar a la raza aria por encima de la humanidad, confrontando a un país contra todo y contra todos. Hoy, el incorruptible ha retomado el camino de la ...

Gabriel Reyes Orona

Gabriel Reyes Orona

México sin maquillaje

El Tercer Reich contó con las juventudes hitlerianas, jóvenes cuyas tiernas mentes fueron salvajemente adoctrinadas para alzar a la raza aria por encima de la humanidad, confrontando a un país contra todo y contra todos. Hoy, el incorruptible ha retomado el camino de la supremacía, avasallando, atropellado y acabando con todo aquello que se oponga a la visión tiránica que él confunde con la democracia.

Durante algún tiempo, y dado que el cisma institucional fue brutal, la población no se detuvo a reflexionar el origen de los 30 millones de votos que llevaron al hijo de Tepetitán a convertirse en emperador de los mexicanos. Sí, no se advirtió que, cuando menos, la mitad de esos votos fueron mal habidos, abusando y medrando con la necesidad en que se encuentran los adultos mayores, ante la falta de oportunidades para mantenerse decorosamente en activo, y ya no digamos para acceder a un retiro digno.

Son ellos quienes, sin querer, dieron el giro a la más grosera mitocracia, y son ellos quienes nos pueden sacar de ese oscuro bache en el que se derruye —todos los días— lo que, no hace mucho, fuera un país de libertades y certidumbres.

Con los otros 15 millones de votos no contamos, son los que han encontrado el paraíso de la ilegalidad; de la informalidad y del prohibido prohibir. Hordas de piratas; traficantes de la peor ralea; lavadores de remesas; cobradores de piso y secuestradores, así como todos esos socios, asociados y demás compinches del crimen organizado, quienes votarán una y mil veces por el cártel que les ha cambiado la vida, al tiempo de hacer de México una isla en la que la polarización tiende un velo sobre la conducta de los criminales. Éstos han venido apoderándose de lo que en algún tiempo fuera el aparato productivo nacional. Ellos prefieren esta transformación.

Los capos mantienen un férreo control de la piramidal estructura del México turbio, en el que millones de mexicanos se afiliaron con el paso de los años, teniendo ellos un rol —más o menos— alejado del franco delito, pero percibiendo, todos, las mieles del ilegal botín. Esas huestes precisan de mantener a las fuerzas del orden haciendo todo, menos preservando el orden o persiguiendo a quienes han hecho de México un gran cementerio, en el que sólo los criminales se lanzan a las calles con tranquilidad.

Nuestros viejos no son los pubertos que el führer mareó, necesitamos que ellos adviertan que ya tienen asegurada la constitucional pensión, pero, sobre todo, que hagan una profunda reflexión del poder de su voto, evitando comprometer o anular el futuro de sus hijos y nietos, a manos de quien les llena el bolsillo a cambio del poder absoluto.

Hoy, ya saben que en dos años no sólo se dilapidaron las arcas nacionales, sino que todo apunta a que la apuesta sólo puede ser el uso de la salvaje fuerza del Estado para apropiarse, a como dé lugar, de los recursos que sigan manteniendo el espejismo. A la gallina le congelarán los huevos de oro, teniéndola de rehén, hasta que acepte confesar el haber cometido los ilícitos que algún falsario oficial haya vuelto denuncia.

Es cierto, resulta difícil enfrentar la vejez en un país como éste, pero habrá que preguntarse cómo será enfrentar la muerte, sabiendo que se hereda perversidad, autoritarismo, acoso, miseria y muerte a su descendencia, ello, a cambio de despensa con gorgojo, disfrazada de pensión.

Los políticos son y continuarán siendo el problema, lamentablemente son inevitables, pero son los adultos mayores los que pueden hacer que el país regrese a la razón y al derecho. Ellos tienen la palabra.

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