Frentes Políticos
I. Simbolismos. La toma de posesión del Presidente fue una jornada intensa y de emociones encontradas. Desde regresar al Congreso, después de 13 años del desafuero, y el viajar sin seguridad del Estado Mayor Presidencial, hasta dar su discurso en el Zócalo, desde el ...
I. Simbolismos. La toma de posesión del Presidente fue una jornada intensa y de emociones encontradas. Desde regresar al Congreso, después de 13 años del desafuero, y el viajar sin seguridad del Estado Mayor Presidencial, hasta dar su discurso en el Zócalo, desde el templete y no desde el balcón de Palacio Nacional. Todo tiene un significado histórico. Andrés Manuel López Obrador traza ya los ejes de su gobierno. Corrupción e impunidad fueron las palabras más repetidas, pero también quedará lo dicho, previo a recibir la banda presidencial, denostando lo hecho por la política neoliberal, y con Enrique Peña Nieto, el expresidente, escuchando con atención. De manera inédita, López Obrador recibió el bastón de mando de los 68 pueblos indígenas y el pueblo afromexicano. Habemus Presidente.
II. Largo trayecto. La voz de Porfirio Muñoz Ledo se escucha cascada por la edad, tiene 85 años, pero desde hace 31 se perfilaba para ser parte importante de la toma de posesión de un presidente de izquierda. En 1987, la Corriente Democratizadora rompió con el PRI, cansada del “dedazo presidencial”, y postuló a Cuauhtémoc Cárdenas para Presidente de la República. No faltaron los que exigían medidas disciplinarias y la expulsión del PRI, tanto de Cárdenas como de Muñoz Ledo, los líderes más destacados de los democratizadores. Y sucedió, se fueron del tricolor y lucharon durante tres décadas por lo que finalmente consiguieron ayer: un cambio de régimen. Perseverancia es la palabra que define a los nuevos gobernantes. Y con esos ejemplos. México lo logrará.
III. Jugada maestra. Hay que darle el mérito a Marcelo Ebrard, nuevo secretario de Relaciones Exteriores, pues realizó el mejor tejido diplomático de la toma de posesión al agendar que, por cuestiones de vuelo, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no llegara al Congreso. Sabedor de que el PAN traía una pancarta y de que lugares como Paseo de la Reforma servirían como punto para manifestarse en contra del mandatario venezolano, evadió exponerlo. Cuando por fin arribó a Palacio Nacional, la gente gritaba: “¡Ni represor ni bandido, Maduro es bienvenido!”. El presidente de Venezuela declaró que con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador “México escribe una página brillante en la historia”. No sirvieron las protestas de las huestes de Marko Cortés, líder del panismo, y su enojo se disipó gracias a una gran jugada de Ebrard. Jaque.
IV. Sobreactuada. La diputada panista Adriana Dávila ve moros con tranchetes, es decir, ve peligro donde no lo hay. Por un lado, aseguró en su cuenta de Twitter que el discurso de Andrés Manuel López Obrador estuvo “lleno de acusaciones al pasado, de señalamientos de corrupción, de descrédito a la clase política, pero con un dejo de ‘perdonavidas’”, y añadió “qué tristeza escuchar el mismito mensaje que en campaña, pensé que el señor ya se había dado cuenta de que estamos en 1 de diciembre de 2018”. La legisladora exagera. Nada le parece, se nota que hay quienes no toleran la crítica y las verdades. ¿Un mejor argumento, no tiene?
V. Todos parejos. Aun en la Ciudad de México hay rezagos. Y esto debe ser una alerta para Claudia Sheinbaum, próxima jefa de Gobierno. La alcaldía de Iztapalapa registra la mayor desigualdad de la capital, en todos los ámbitos, expresada, sobre todo, en situaciones de deterioro, abandono e inseguridad de enormes proporciones, advirtió Clara Brugada. La alcaldesa de esa demarcación visitó la Unidad Iztapalapa de la UAM para hablar de las políticas sociales que emprenderá su gestión. “La población más pobre de la capital vive en Iztapalapa”. Inseguridad, violencia, pobreza extrema. La responsabilidad de colocar a esta alcaldía a la altura de una ciudad moderna será de Brugada y de Sheinbaum. Que no haya pretexto para no lograrlo.
