Elecciones competitivas: resultados estrechos
Las elecciones deben garantizar los derechos fundamentales consagrados en los instrumentos del Sistema Interamericano. El Manual para las Misiones de Observación Electoral de la OEA MOEs estima que para que las elecciones sean consideradas democráticas deben cumplir con ...

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
Las elecciones deben garantizar los derechos fundamentales consagrados en los instrumentos del Sistema Interamericano. El Manual para las Misiones de Observación Electoral de la OEA (MOEs) estima que para que las elecciones sean consideradas democráticas deben cumplir con cuatro condiciones básicas: ser periódicas, inclusivas, limpias y competitivas.
La competencia se refiere a brindar al electorado opciones imparciales entre las alternativas y el derecho de los ciudadanos a postularse para cargos públicos, garantizándose condiciones básicas para una campaña electoral.
A medida que la región avanza en su etapa de consolidación democrática, las MOEs han observado mayor competencia, lo cual es un síntoma que refleja la buena salud de una democracia. Ello se traduce en una tendencia que estamos observando con mayor frecuencia en los últimos años: resultados electorales estrechos.
Como ejemplo se pueden mencionar la elección presidencial de El Salvador (2014) con una diferencia de 0.22% entre el primer y segundo lugar; la segunda vuelta presidencial de Perú (2016) con 0.24% de margen, o el Plebiscito por la Paz en Colombia (2016) con tan sólo 0.43% entre el SÍ y el NO. En la misma dirección, está el Referéndum de Bolivia (2016) con 2.6% de diferencia entre el SÍ y el NO, y la reciente segunda vuelta presidencial en Ecuador, cuya distancia fue de 2.32%.
Un proceso electoral estrecho promueve la participación activa de los ciudadanos, dado que en un sistema de mayoría simple, un centenar de votos puede determinar al ganador. Por ello, en democracias donde existe mayor competencia electoral y la posibilidad de resultados más cerrados, la participación ciudadana adquiere mayor importancia.
Existen estudios que indican que la participación electoral tiende a ser superior cuando la proyección de los resultados es estrecha. Ejemplo de esto es El Salvador en 2014, que en primera vuelta participó 55.3% del electorado y en segunda vuelta la cifra subió a 60.8%. La diferencia entre un candidato y otro fue de tan sólo 0.22%.
Por el lado de los contendientes, un resultado previsiblemente estrecho incentiva estrategias de campañas más agresivas, así como el incremento del gasto y la búsqueda de mayor cobertura mediática.
Algunas de estas prácticas podrían motivar al elector a salir a votar, pero cuando se optan por mensajes con constantes ataques y se opta por las campañas negras, esto también satura y desmotiva al ciudadano.
Desde las Misiones de la OEA constantemente se hacen llamados a los actores políticos a realizar campañas propositivas, basadas en propuestas y en proveer información certera y oportuna al electorado.
BALANCE
La pluralidad y diversidad de opiniones son elementos esenciales de toda democracia. Es responsabilidad de todos los actores crear espacios en los que puedan establecerse puentes de entendimiento que permitan, no solamente un diálogo entre las partes durante el proceso electoral, sino que a largo plazo fomenten la rendición de cuentas, los controles y la gobernabilidad a partir de resultados para la ciudadanía.
Independientemente de lo cerrado de los resultados, los perdedores tienen el deber moral y ético de respetar la institucionalidad electoral y de aceptar los resultados, no importando el margen de diferencia.
De la misma manera, los triunfadores deben gobernar reconociendo el apoyo popular de la oposición. Como lo expresó Luis Almagro, secretario general de la OEA, “en una democracia verdadera, el que gana con 50+1 no es dueño del 100% y el que pierde con 49%, no debe perder todo”.
* Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia.
Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA.