Adivinanza
Se parece a ti, sus cabellos son oro de mies; como tú se ha metido ya en mí. Adivina quién es, Carlos y Pablo Martínez Gil, Adivinanza.
El lunes 26 de marzo aquí mismo publiqué lo que reproduzco ahora: “Tiene razón Milenio Televisión en su promocional diciendo que la campaña hacia la Presidencia ya comenzó con el programa de 90 minutos en el que sentaron a Andrés Manuel López Obrador, el inconvocable, al lado de seis de sus columnistas y su director editorial”. Hoy puedo decir que la semana pasada con la sesión de López Obrador convocada por Televisa y con la participación de sus estrellas informativas, consolidó el resultado de las elecciones de julio primero:
El próximo Presidente de los Estados Unidos Mexicanos se llama Andrés Manuel, si no sucede algo predecible, pero indeseable.
Una raquítica versión del programa llamado Tercer Grado sospechosamente brindó a Andrés Manuel una tribuna indisputada, sin cuestión, para exponer sus ideas y planteamientos, y cautivar con su histrionismo indiscutible a todo aquél del veinte por ciento de indecisos sobre por quién votar o simplemente quedarse ese domingo a ver la tele. Ni Joaquín ni Raymundo ni Denise, nadie, fue capaz de refutar los planteamientos del candidato favorito hoy de Chapultepec; nadie habló de la Reforma Educativa, primer objetivo a derribar por parte del tabasqueño. Nadie osó mencionar la inevitabilidad del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. A nadie se le ocurrió preguntar sobre el patrón de las relaciones con los Estados Unidos de Trump en la Presidencia predecible de Andrés Manuel. Una buena telenovela con final clarísimo.
Profesionalmente, me da una pena enorme ver a talentosos periodistas renunciando al derecho a pensar y a expresar su pensamiento.
PILÓN.- No es tan importante que la mismísima academia sueca, supuestamente con los dineros que dejó el dinamitero Alfred Nobel, declare desierto el premio al que ellos dicen es el mejor escritor del mundo. Ya sucedió una vez y William Faulkner lo sufrió. Tampoco vale la pena mencionar que la vacancia se da porque un escándalo de abusos sexuales repetidos haya manchado el nombre de la institución. El asunto pone aquí en cuestión la autoridad del premio mismo: ¿Cómo es posible que un grupo de suecos rucos califique toda la literatura universal, en lenguas que no dominan y con calificación que se han otorgado a sí mismos? Lo mismo en química, economía o física. Para el caso, la Paz misma, cuyo galardón se ha entregado a gente como Kissinger, Isaac Rabin o Yasser Arafat, famosos pacifistas por cierto.
Se dan millones de pesos a los ganadores de este dudoso galardón. Claro, es el poder del dinero. Hasta que las pantaletas descienden y confiesan.
