Septiembre me gustó pa’ que te vayas
Septiembre es para México un mes cruel. En septiembre se inició la tradición de los mitos y mentiras de la historia de México con un cura, que llevó a los indios y mestizos a una guerra sangrienta supuestamente por la independencia, pero en realidad apoyando a un ...
Septiembre es para México un mes cruel. En septiembre se inició la tradición de los mitos y mentiras de la historia de México con un cura, que llevó a los indios y mestizos a una guerra sangrienta supuestamente por la independencia, pero en realidad apoyando a un monarca en contra del otro. Gracias a esa guerra, se nos privó a futuro del vacuo privilegio de tener rey y el real beneficio de tener que ir a Madrid para hacer cualquier trámite importante ante el gobierno. En septiembre se ubica el cuento aquel de los niños héroes que ni eran niños ni fueron héroes, pero a los que nos han enseñado a venerar y a respetar.
Ya en serio, este martes se cumplen 32 años que dos estremecimientos de tierra que marcaron un parteaguas en la historia moderna de México. El espectacular destrozo de una parte importante de la capital de la República y la inacción de los gobiernos que se escondieron en su residencia, incapaces de ejercer un liderazgo que supuestamente tenían, marcaron un antes y un después para la sociedad mexicana.
Especialmente por un factor muy potente: los temblores le demostraron a los mexicanos que podían actuar organizadamente sin organizadores, civilmente sin mando civil y honestamente sin que existieran ni el gobierno ni el Canal 2. La solidaridad ciudadana que se demostró en los temblores de 1985 es la verdadera semilla de la sociedad civil que luego devendría en necesarias reformas políticas estructurales y conductuales que tuvieran por consecuencia un México políticamente reestructurado. Que no nos guste la nueva estructura es otro cantar; pero de que cambió, cambió.
El sismo de 2017 está teniendo un efecto semejante. Sin tener consecuencias destructivas ni expuestas en las calles de la capital del país, ha tenido la virtud de abrirnos los ojos ante la realidad, oculta como la real historia de México, pero que siempre ha estado ahí, de la existencia de dos países en el mismo territorio: un México feliz y urbano en el altiplano o el norte y un México muy diferente en el sureste, pobre, hambriento, sufrido, olvidado y mantenido oculto, sufridamente callado.
A una semana del sismo, ni siquiera sabemos el número real de las víctimas mortales del fuerte sacudimiento o la magnitud de los daños. No es falta de cariño: el gabinete en pleno, dividido en dos, se fue a Oaxaca y Chiapas, como si los secretarios y secretarias de Estado le metieran mano a la talacha y la reconstrucción de viviendas. El asunto es que no hay caminos ni manera para hacer un censo de los daños o hacer llegar la ayuda que, como es usual, los buenos mexicanos están donando con su mejor intención.
Septiembre es un buen mes para mandar al almacén de la historia la existencia dolorosa y cruel de esos dos Méxicos.
PILÓN.- Como si nos hiciera falta, nos vino a visitar en primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, invitado, recibido y apapachado por el Presidente de la República. Precisamente, el primer jefe de Estado que se apresuró a elogiar la intención del muro fronterizo de Donald Trump, apenas expuesta, como una excelente idea. Netanyahu, en una postura que la comunidad judía mexicana no comparte, señaló en su momento que Israel tenía la experiencia positiva del muro que separa en Gaza el territorio palestino del de Israel. ¿Qué demonios tenía que hacer el Presidente de México recibiendo a este señor? Lo mismo que estaba haciendo cuando, siguiendo las sugerencias del gobierno de Estados Unidos, corrió del territorio nacional al embajador debidamente acreditado de la República Democrática Popular de Corea, Corea del Norte: Un triste papel.
