Oye, te digo un secreto
Aun en el caso de que sean ciertos los dichos de alto funcionarios de Odebrecht sobre el exdirector de Pemex, no habrá persecución
Tal vez la más importante deducción que podemos hacer del aquelarre del PRI el fin de semana pasado en lo que llamaron la vigésima segunda asamblea, es la capacidad autogenética del organismo político mexicano de reinventarse a diario. El PRI, hecho gobierno, inventa a la vez el mal y la cura, el chirrión y el palito. En su momento cortó el camino a los apátridas exigiendo que sus candidatos pudieran demostrar larga militancia en sus filas antes de aspirar a candidatura alguna. Luego, que si querían un hueso tenían que haber ganado anteriormente otro. Como buen club excluyente, fue sacando de sus cuadros a sus mejores cuadros.
Ahora, las huestes del flotillero de taxis Ochoa Reza han echado abajo esas barreras: hasta yo puedo ser candidato a la Presidencia de la República por el PRI. Después de todo, ni tengo antecedentes penales, soy persona conocida y de buen prestigio y debo poco.
En el escándalo Odebrecht, la habilidad priista ha sido particularmente evidente. Aun en el caso de que los dichos de altos funcionarios de la compañía brasileña de haberle entregado carretadas de millones de dólares a las cuentas que el exdirector de Pemex les indicó en algún sitio del planeta Tierra, no habrá persecución.
Toda la información referente a los sobornos que Odebrecht pagó en nuestro país a altos funcionarios de Pemex es lo que se llama información privilegiada. O confidencial, o tal oculta. Lo cierto es que por cinco años no podemos saber la verdad, aunque el gobierno la tenga guardada en la caja de Pandora. Por eso el señor Lozoya Austin puede y está tranquilo. Aunque se sepa, nada se puede saber.
PILÓN.- El retorno de Rogelio Cerda, quien fuera secretario de Gobierno de José Natividad González Parás en Nuevo León, tiene mucha miga. Cierto, el cargo de nuevo procurador federal de la Defensa del Consumidor es importante puesto, en el segundo círculo del Ejecutivo. De ahí a que haya sido Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, paisano, amigo y jefe de Cerda, quien le tomara protesta y enviara la imagen de la ceremonia en su red tiene cola. En primera instancia, Guajardo va a ocupar a partir de hoy miércoles la pista central de este circo por las negociaciones del TLC durante un par de semanas. Segundo, una vez que los priistas disciplinados han aceptado el dedazo en favor de Meade, Guajardo quiere decir como el Gansito Marinela: recuérdame. Rogelio Cerda, que es un político de siete suelas, les puede dar en esa región del país —y en otras— el quince y las malas en el billar.
