El yerberito llegó, llegó…

A los 23 años de edad, el año pasado, Lucero Priscila Garza dio a luz a su hija en Monterey, N.L. Como es usual, la joven señora adquirió algunos kilos de más durante la preñez, kilos de los que no se pudo deshacer con facilidad y rapidez, lo cual es también ...

A los 23 años de edad, el año pasado, Lucero Priscila Garza dio a luz a su hija en Monterey, N.L. Como es usual, la joven señora adquirió algunos kilos de más durante la preñez, kilos de los que no se pudo deshacer con facilidad y rapidez, lo cual es también normal.

Asimismo, suele suceder que en esas circunstancias, y en muchas otras similares, las mujeres —y algunos varones también— acudan a todos los recursos posibles para bajar de peso. Las dietas de todo tipo: de la luna, de la pasta, de los carbohidratos y del agua proliferan en la versión contemporánea del chisme de vecindad que son las redes sociales. Los vendedores de aparatos de varillas y resortes para hacer ejercicio extremo y reducir la grasa en la zona son muy recurrentes en la televisión restringida y de la otra, así como en los facebukes y los tuiteres.

Pero en donde se esconde el mayor peligro es en los productos llamados naturistas, que prometen en tiempo récord reducir el índice graso y bajar el peso del paciente. Por lo general, se trata de anfetaminas y metanfetaminas que supuestamente reducen el apetito; por lo general, son adictivas y, en muchos casos, muy peligrosas.

La señora Lucero Garza acaba de morir en Monterrey. Estuvo en coma por un par de semanas luego de haber sufrido fuertes dolores de cabeza después de un mes de tomar las pastillas para adelgazar llamadas Avitia Cobrax. A ella le costó mil doscientos pesos la dosis que le causó la muerte. Se podía conseguir en los portales de Mercado Libre, andaba alrededor de mil pesos la dosis para un mes. Suficiente tiempo para morir.

Este tipo de productos abundan y carecen de regulación alguna, aunque en el gobierno existe toda una pomposa Cofepris, Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, que se encarga de los riesgos de ese tipo a los que los mexicanos estamos sometidos. Hasta el momento de escribir estas líneas, la Cofepris no había dicho ni pío ante el caso de Lucero Priscila y su muerte.

No hay de qué asombrarse. La Cofepris ha sido incapaz de moderar, regular o impedir la comercialización de productos diversos que lo mismo sirven para controlar la diabetes, bajar de peso, aumentar la masa muscular, acabar con la disfunción eréctil o la esterilidad de las señoras en edad de embarazo probable. Ahora, no se le ocurra a usted autorrecetarse una dosis de ampicilina sin tener la receta de un facultativo registrado ante el organismo, porque la multa irá en contra de la farmacia que haya vendido el fármaco.

Mientras tanto, se vende libremente una enorme cantidad de supuestas medicinas mágicas que contienen anfetaminas, esteroides anabólicos, otras drogas peligrosas o meramente agua edulcorada, que sirven exactamente para nada.

Sin duda, las friegas de mariguana, los chiqueadores de menta o ruda en las sienes, los parches de sebo en el pecho de los niños o cualquier otro remedio casero de las abuelas eran mucho más efectivas que las pastillas que tomó esta pobre señora en su ataque de vanidad. Al menos, no matan.

PILÓN.- Dicen los que saben de deportes que en este terreno hay que saber perder y hay que saber ganar. La selección mexicana de futbol, en sus dos últimas fechas, me ha convencido ya de que en la primera materia podría dar cátedra. De saber ganar, yo creo que debería recibir algunas clases, así fuese de párvulos.

Temas: