The Wall
Sin duda, alguna, el Muro de Berlín fue el último vestigio de ese criterio primitivo de contener con ladrillos colocados uno sobre el otro, ideas, sentimientos, comercios y personas.
Mother should I run for President?
Mother should I trust the government?
Mother will they put me in the fire line?
Mother, Roger Waters; Pink Floyd, The Wall
Kublai Kan, el nieto de Temuji (Gengis Kan) y gran señor de los mongoles, no imaginó nunca que iba a ser inspirador, sin que él tuviera idea, de un orate que se siente predestinado a ser el gran señor del siglo veintiuno, Donald Trump.
El nieto de Temuji reunificó en el siglo 13 a las tribus nómadas al norte de China, para poder atacar, efectivamente, a los sedentarios del sur y saquearlos a su antojo, en la ruta de la seda que describió Marco Polo. Las diferentes dinastías chinas que gobernaron durante 15 siglos se dedicaron a improvisar muros para defenderse de los agresores. Sin duda, la Gran Muralla China fue el primer intento mayor de segregación militar efectiva en la historia del mundo. Visible desde el espacio exterior, sirvió para maldita la cosa, salvo las visitas de los turistas: con sus siete mil kilómetros de largo nunca pudo contener a los ejércitos de la Mongolia y las bandas de los nómadas. Eso sólo se pudo lograr más tarde mediante la negociación y los acuerdos políticos.
Sin duda, alguna, el Muro de Berlín fue el último vestigio de ese criterio primitivo de contener con ladrillos colocados uno sobre el otro, ideas, sentimientos, comercios y personas. Todos los seres pensantes del planeta estuvimos convencidos de que con el fin de la Guerra Fría habíamos comenzado una nueva etapa de entendimiento, de paz y de razón. Parece que no es tan fácil.
En su última aparición en la Asamblea General de Naciones Unidas como presidente de Estados Unidos, Barack Obama se refirió oblicuamente a Donald Trump, la gran amenaza del 8 de noviembre en las elecciones de Estados Unidos: elevar muros en torno a Estados Unidos es aislarlo, dijo el negro. Convertirse en una isla, ya se sabe, es una mala política para un estado: el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo está empezando a conocer, cuando las consecuencias de su Brexit comienzan a dar frutos.
Aprovechando el viaje, ante la reunión de alto nivel de la Organización de las Naciones Unidas para las migraciones, Enrique Peña Nieto se refirió, también, de manera indirecta al “amigou” que recibió en Los Pinos semanas antes: pidió reconocer a los migrantes como agentes de cambio y desarrollo, garantizar sus derechos humanos y que se acaben los discursos de odio y discriminación en su contra. De manera acertada ofreció la hospitalidad de México para la reunión similar sobre migraciones el año próximo.
Ya parece dispensable plantear el papel esencial y positivo de las migraciones en el desarrollo de la humanidad. No hay comunidad, ranchería, pueblo, raza, cultura o estado que no conozca los beneficios que le ha aportado a su desarrollo el mestizaje. Y que Estados Unidos en su esencia e historia es la mejor prueba de ello, todos lo sabemos.
Tal vez, precisamente, por ello es que no nos cabe en la cabeza el posible triunfo de Donald Trump y sus ideas retrógradas en el proceso electoral de los Estados Unidos. No nos asombra que su manera de pensar pueda tener cierta popularidad en determinadas clases sociales y grupos de interés y de afición entre los norteamericanos, pero de ahí a una mayoría...
Efectivamente, el partido demócrata pudo encontrar un mejor candidato que la señora Clinton, con sus debilidades de seguridad y la inseguridad de su salud. Sin embargo, los mexicanos primero y el resto del mundo después, no nos merecemos a Donald Trump como presidente de Estados Unidos.
PILÓN.- Las tasas de interés de los Estados Unidos no suben hoy. Subirán en diciembre. Es la crónica de una mexicana debacle anunciada. En cuanto las tasas norteamericanas suban, los capitales golondrinos se irán a aquel nido. Y ya veremos.
