Para de hoy en adelante

El verdadero día del Presidente será el miércoles con una ceremonia en Palacio Nacional, lleno de invitados especiales de todos los grupos del poder.

Tiene más de 600 hojas el documento que hoy, alrededor de las cinco de la tarde, recibirá el Congreso de la Unión en una desangelada ceremonia para marcar el Tercer Informe del presidente Enrique Peña Nieto. Ciento cincuenta, la versión económica; tal vez alguien lea esta reducción. Los demás ejemplares son desgracia de unos bosques. El posicionamiento de los partidos que seguirá a la entrega promete estar igual de aburrido, aunque el hijo de Manuel Clouthier, el llamado Maquío, puede dar la nota discordante al habérsele concedido el privilegio de hacer uso de la palabra, siendo el único diputado llamado independiente.

El verdadero día del Presidente será el miércoles con una ceremonia en el patio central del Palacio Nacional, lleno de invitados especiales de todos los grupos del poder. Lo jocoso tal vez sea que las únicas expectativas, sobre las que se cruzan apuestas, son sobre si la plancha del Zócalo capitalino volverá a ser usada como estacionamiento de excepción.

La nueva serie de spots del Presidente sobre el tono y contenido de su informe de medio término dan nota de que ha cambiado su proveedor de servicios de imagen. Las filmaciones están hechas con una mayor calidad y cuidado y el tono ha dejado de ser un triunfalismo poco aceptable para insinuar un realismo que parece indicar más al para de hoy en adelante a un hueco recuento de logros existentes solamente en las estadísticas de kilómetros de carreteras y número de puentes construidos. Aunque fuesen ciertas a cabalidad todas las afirmaciones sobre la solidez de nuestra economía y las perspectivas de una elevación del número de empleados con los que el Seguro Social se engaña solo o engaña al Presidente para fortalecer una esperanza.

Nuestra sociedad está entrando en la ola descendente del deterioro económico. La aterradora realidad de que hay dos millones más de pobres es algo que no podría superarlo Jesucristo si tuviera tiempo para hacerse cargo de la Secretaría de Desarrollo Social. Los cambios en el gabinete, que fueron tantas veces filtrados a la prensa para que afincaran una esperanza, resultaron el parto de los montes al hacerse realidad; más de lo mismo, las mismas caras en otro sitio.

Ya he contado la anécdota del presidente checoslovaco Antonín Novotny, quien, al atender a un periodista occidental, le llevó a un paseo por el patio helado del Palacio Toscano de Hradcany, en la más bella colina de Praga. Cuando le preguntó el informador cuál era el secreto para haberse mantenido tantos años —más de 30— en el poder, el checo simplemente le indicó las ramas desnudas de un árbol, sobre las que estaba una nutrida parvada de cuervos. El anfitrión hizo sonar fuertemente sus manos y los pájaros volaron. Sin agregar nada más, siguieron caminando. En el sendero de regreso, el periodista le dijo, señor Presidente, los pájaros están otra vez ahí. Sí, le respondió con sorna; pero cada uno en otra rama.

Los dos millones de pobres adicionales con los que este gobierno va a tener que cargar hasta que termine su ejercicio tuvieron que salir de algún lado. No hay otro lugar que la clase media en exterminio, que cada día que pasa abandona las mínimas ventajas que pudo acumular a base de sacrificios y esfuerzos intensos.

La clase media mexicana está perdida. Yo no me atrevo a decir que para siempre. Siempre y nunca son dos palabras que no deben usarse en la política. Este juego es un mar ondulante en el que, a veces, estamos arriba y, luego, descendemos vertiginosamente. La lección que alguien debiera decirle a Enrique Peña Nieto, si es que está dispuesto a escuchar a alguien, es que, sin recuperar la clase media, con su trabajo y su consumo, en un binomio que ha demostrado ser una sabia lección de economía política, este país, como lo conocemos, va a desaparecer.

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