El Cerco

Ayer me sentí numantino. No pude llegar a mi oficina porque, una vez más, el ejercicio de la democracia malinterpretada cerró decenas de calles del corazón de la Ciudad de México para ceder su dominio a unos manifestantes de la cosa que se quiera de un amplio menú.

¿Y si en vez de separarnos los separamos a ellos?

De este lado los chacales, de este lado van los cerdos.

Resistencia + IVA, de Argentina, El Cerco

En el año 153 antes de Cristo, Caro de Segeda derrotó a 30 mil soldados romanos bajo el mando de Quinto Fulvio Nobilior quien defendía la ciudad celtíbera de Numancia, cerca de lo que hoy es Soria, en España. La ciudad se mantuvo libre por años a pesar de la muerte de Caro. Pero la ofensa al imperio romano era imperdonable e iba a ser vengada 20 años más tarde: el Senado encargó a Publio Cornelio Escipión Emiliano, llamado El Africano Menor, que destruyera Numancia. Trece meses duró el Cerco de Numancia; nueve kilómetros de fosos, empalizadas, torres y soldados alrededor de la ciudad. Al final, las mujeres que no querrían ser tomadas por el ocupante como botín sexual, pidieron a sus maridos que les matasen. Antes que morir de hambre o entregarse como esclavos, en su enorme mayoría los hombres prefirieron suicidarse. Escipión Emiliano entró en la ciudad que iba a destruir, pero no encontró ser vivo.

Hacia 1585, Miguel de Cervantes, que no soportaba el éxito de Lope de Vega con su teatro de técnica innovadora, publicó lo que llamó Comedia del Cerco de Numancia, una de las mejores tragedias renacentistas, recogiendo la epopeya de un pueblo aprisionado por el sitio.

Ayer me sentí numantino. No pude llegar a mi oficina porque, una vez más, el ejercicio de la democracia malinterpretada cerró decenas de calles del corazón de la Ciudad de México para ceder su dominio a unos manifestantes de la cosa que se quiera de un amplio menú. Como sucede cada tercer día.

Yo soy de los pocos privilegiados que eventualmente puedo trabajar desde cualquier sitio en el que me encuentre, siempre y cuando tenga eficiente comunicación a la mano. Pero a mi lado se desesperaba una masa de hermanos numantinos que sufrían la impotencia de no poder avanzar un paso, pasar un crucero, llegar a su trabajo, su escuela, su cita de trabajo, su infidelidad, su diversión, su ocio.

En la obra de Cervantes, se acude al recurso del Deus ex machina, que traducido quiere decir algo así como una orden de Los Pinos: las figuras alegóricas de España y el Duero aparecen en escena señalando la inevitable fuerza del destino trágico de Numancia, pero vaticinando el glorioso futuro de España sobre los romanos avizorando, sin mencionarlo, el reinado de Felipe II. Don Miguel no era tonto, era uno de los hombres del Renacimiento.

Pero volvamos a la delegación Cuauhtémoc. Numancia aguantó un sitio impío, agresivo, violento, cínico, trece meses, hasta que se agotaron sus víveres. ¿Cuánto tiempo más quieren nuestros gobiernos que aguantemos nosotros, los habitantes de la gran capital, que llevamos sitiados más de trece veces trece? ¿De dónde van a aparecer las figuras alegóricas prometiendo, como candidatos pagados por nosotros, un mejor futuro para los reclusos de esta ciudad?

Pilón 1.- Pobrecitos chinos. Su economía va a registrar este año el más bajo índice de incremento de los últimos 25 años. “Solamente” crecerá al siete por ciento. Un índice que ya quisiera cualquier economía de las grandes de Occidente. De la de México mejor ni hablamos.

Pilón 2.- Los culpables no se convierten en inocentes por desconocer la ley. Por conocerla, sí.

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