Colima

Dos huracanes azotaron el estado de Colima, casi simultáneamente. Uno de ellos puso a prueba la capacidad de su población y autoridades para responder a un desafío de la naturaleza descomunal e inédito. El otro, ocurrido en la víspera, documentó la fragilidad de sus ...

Dos huracanes azotaron el estado de Colima, casi simultáneamente. Uno de ellos puso a prueba la capacidad de su población y autoridades para responder a un desafío de la naturaleza descomunal e inédito. El otro, ocurrido en la víspera, documentó la fragilidad de sus instituciones y prácticas democráticas.

La comparación es inevitable, pero, sobre todo, aleccionadora.

Al momento de escribir estas líneas no se tenía un reporte detallado de cuántos estragos causó el superhuracán Patricia a su paso por la entidad, sobre todo, en Manzanillo. Es de desearse que ahí y en otras entidades los daños sean los menos posibles. Estoy segura que lo que se consiga será el fruto de años de perseverancia en una cultura de prevención ciudadana ante los desastres que, es justo reconocerlo, ha sido clave para amortiguar los efectos dañinos de los ciclones.

Esta maquinaria humana ha ido perfeccionando sus rutinas y, al menos en lo que el viernes pude atestiguar, operó con rapidez y coordinación en Colima y demás entidades afectadas, primero para advertir del extraordinario peligro que representaba un meteoro que llegó a tener rachas de viento de 400 kilómetros por hora, un potencial destructivo del que no se había tenido registro en la historia.

Ojalá que los ojos del mundo —que voltearon con angustia hacia México esperando lo peor, dado el poderío devastador que adquirió Patricia con el paso de las horas— reconozcan el esfuerzo que congregó a autoridades, pobladores y medios de comunicación para difundir las alertas necesarias con el fin de que la gente pudiera resguardar lo mejor posible su integridad y la de sus pertenencias más valiosas.

Y en esta labor de concientización las redes sociales tuvieron un papel destacado, más allá de los ociosos que se la pasaban difundiendo imágenes falsas o chistes de dudoso gusto. Fueron útiles no sólo para que la gente se enterara con rapidez sobre la evolución del huracán y su peligrosidad. También, sirvieron para que en todo el mundo se desplegara una amplísima red de solidaridad que hizo que durante algunas horas el hashtag #prayformexico fuera tendencia mundial.

Desde luego, los buenos deseos nunca estarán de más, pero de poco sevirían si una cultura cívica de protección civil no hubiera enraizado de manera tan profunda en la sociedad.

No puede decirse lo mismo, por desgracia, del huracán político que justo un día antes de Patricia había cimbrado las estructuras institucionales de Colima.

El jueves, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anuló la elección para gobernador, al resolver que hubo injerencia del gobierno estatal para apoyar al candidato priista Ignacio Peralta Sánchez, quien había ganado por una diferencia de apenas unos 500 votos al panista Jorge Luis Preciado.

Serán los terceros comicios extraordinarios que debe celebrar aquella entidad en este siglo y no es un récord para presumirse. Ya en 2003 había sido anulada la elección para gobernador por una decisión similar a la del jueves pasado: en aquel año se acreditó la participación del entonces mandatario Fernando Moreno Peña —quien hace unos días sobrevivió a un atentado contra su vida— para favorecer a Gustavo Alberto Vázquez Montes. Éste último ganó en los posteriores comicios extraordinarios, pero murió en un accidente aéreo poco más de un año después de haber tomado posesión, lo que obligó a otra convocatoria a urnas.

Resultaría paradójico comprobar que Colima sea más capaz de resistir los vaivenes de la naturaleza que los de su cuestionada clase política. Una sociedad cuya formación cívica —traducida en una educación colectiva sólida para enfrentar adversidades extremas— merecería un régimen político que le diera certeza.

Es una lástima que la carencia de juego limpio haya hecho que la elección para gobernador fuera anulada y deba hacerse un gasto extra para reponer el proceso, justo cuando más se necesita el dinero para paliar los previsibles estragos económicos que dejará Patricia. Si vale la metáfora, Colima merece la solidez y estabilidad que le eviten políticamente estar en el ojo del huracán.

                Twitter: @Fabiguarneros

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