Ciudad-INE
El Instituto Nacional Electoral invertirá más de 940 millones de pesos en la construcción de sus nuevas instalaciones, en las que agrupará a sus direcciones ejecutivas. Gracias al trabajo de mi compañera Aurora Zepeda, publicado el pasado lunes en las páginas de ...

Fabiola Guarneros Saavedra
Mensaje directo
El Instituto Nacional Electoral invertirá más de 940 millones de pesos en la construcción de sus nuevas instalaciones, en las que agrupará a sus direcciones ejecutivas.
Gracias al trabajo de mi compañera Aurora Zepeda, publicado el pasado lunes en las páginas de Excélsior, sabemos que éstas contarán con canchas de futbol rápido, de basquetbol-voleibol, un salón para actividades como zumba y danza, así como un circuito ciclista y un sistema de transporte llamado INE-bus, que conectaría al instituto con las estaciones de Metro, Metrobús y tren ligero para no incentivar el uso del automóvil.
De hecho, el conjunto de inmuebles está diseñado con declarada vocación ecologista: contará con un sistema de recolección de agua pluvial y aguas residuales para su eventual reutilización, así como luminarias exteriores dotadas de paneles que aprovecharán la luz solar para transformarla en energía eléctrica.
Se prevé que la construcción de las nuevas instalaciones (en el predio de Viaducto Tlalpan 100, que ya es propiedad del INE), inicie en 2016 y culmine a finales de 2018, cuando ya hayan concluido las elecciones federales en las que el instituto, seguramente, habrá concentrado sus mayores esfuerzos. La intención, de acuerdo con el reportaje y las sucesivas declaraciones del consejero presidente Lorenzo Córdova, es ahorrar al instituto entre 80 millones anuales en rentas en el Distrito Federal.
Entre los argumentos esgrimidos por Córdova (Excélsior, 14/X/2015) para justificar la edificación de la nueva sede es que las funciones, el personal y los espacios que hoy ocupa el INE son muy distintos a los que tuvo el Instituto Federal Electoral cuando fue creado en 1990, y con el llamado Plan Maestro se podrá concentrar al personal electoral en un solo sitio para cumplir con sus funciones. Prometió que el proyecto se ejecutará por etapas, en transparencia, sin derroches ni abusos y “como una manera de ir reconstruyendo la credibilidad en esta institución”.
Qué bueno que estas palabras, consignadas por nuestro diario y otros medios, hayan sido dichas por el propio consejero presidente, en reconocimiento implícito del déficit de credibilidad en el que ha caído la institución desde hace años y que nunca volvió a alcanzar el prestigio que tuvo cuando lo encabezó José Woldenberg.
Si me lo permite el consejero presidente Córdova, creo que es mi deber ciudadano advertirle que el proyecto, con todo y las supuestas ventajas, no abonará mucho en reconstruir la credibilidad. Justo cuando por todos lados se escuchan voces de apretarse el cinturón frente a una economía incierta, no parece muy oportuno plantear la edificación de un complejo para seguir produciendo burocracia.
Y es que el crecimiento del aparato burocrático en el INE no ha redundado en una mejor democracia. Aunque no toda la culpa de esto la tiene el instituto: si se me permite el paréntesis, no puedo dejar de imaginar la decepción de varios electores de la delegación Cuauhtémoc en el Distrito Federal que, ejerciendo el poder de la alternancia, le quitaron la demarcación al PRD para dársela a Morena, sólo para comprobar que se repiten las viejas prácticas de amiguismo al contratar como director al exchofer de Andrés Manuel López Obrador y a un ultra universitario, que tomó violentamente instalaciones del CCH y que ni siquiera ha terminado su carrera para un cargo de carácter educativo.
¿Y de veras se ahorrará? Cualquiera que tenga la experiencia de remodelar su propia casa ya habrá comprobado que entre el presupuesto inicial y lo que se termina gastando hay un abismo. No vayamos tan lejos: en abril pasado, la reportera Leticia Robles de la Rosa informó que la construcción de la nueva sede del Senado ya rozó los cinco mil millones de pesos, en los que la sola edificación tuvo un costo 98% superior a la planeación original. Perdón: la experiencia lo hace a uno desconfiar.
Por lo demás, habrá que preguntarle a los millones de ciudadanos que erogan de su propio bolsillo en actividades recreativas qué piensan de que este privilegio sea exclusivo de quienes trabajen en esta ciudad-INE. No es que quiera ser aguafiestas, pero de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.
Twitter: @Fabiguarneros