La lucha antipopulista

Desde hace semanas, AMLO y sus corifeos en los medios y las redes sociales que han envilecido las encuestas han propalado la idea de que “este arroz ya se coció”, como si su triunfo fuera inevitable y no hubiera nada que hacer. Es una vieja estrategia electoral para ...

Desde hace semanas, AMLO y sus corifeos en los medios y las redes sociales (que han envilecido las encuestas) han propalado la idea de que “este arroz ya se coció”, como si su triunfo fuera inevitable y no hubiera nada que hacer. Es una vieja estrategia electoral para desmoralizar, confundir, dividir, quitar fuerza y doblegar anticipadamente a los rivales y, simultáneamente, generar mayor expectativa, sumar apoyos, seguidores, convencer a indecisos y, por si fuera necesario, justificar un alegato de “fraude electoral” en caso de perder. Con esta estrategia también se pretende revertir los errores que ha cometido el tabasqueño y que le han costado sumar mayores enconos en su contra: magistrados, militares, empresarios, intelectuales, periodistas, profesores, amas de casa, etcétera, convergen en una inédita lucha antipopulista que en redes sociales alerta sobre los riesgos del obradorismo (ya manifiestos en la turbulencia cambiaria y en la ofensiva de la CNTE) y que está beneficiando a Ricardo Anaya y al Frente.

El sector privado, que como nunca ha cerrado filas y encabeza el combate antipopulista, pone el dedo en la llaga, al condenar ataques y descalificaciones personales; advertir sobre el peligro de la estatización de empresas, la derogación de las reformas estructurales, el paternalismo clientelar, la amnistía a criminales, entre otras acciones que producen incertidumbre para el ahorro y la inversión y la generación de empleos; expresar el imperativo de fortalecer la economía mixta y abierta, las libertades, la democracia y el derecho a expresarse libremente; y exhortar a razonar el sufragio, “votar con inteligencia y no con el enojo”. En el encuentro de AMLO y el Consejo Mexicano de Negocios se “limaron asperezas” y bajó la tensión, pero persisten desacuerdos fundamentales y desconfianza hacia aquél.

Es justificada la alarma de los capitanes de la industria, el comercio y las finanzas, quienes apuestan sus capitales, sus proyectos y se la juegan por México, pero pueden quedar expuestos a las arbitrariedades de un demagogo (que ha vivido de los impuestos de todos), quien se siente la personificación del pueblo y libre para hacer cualquier cosa. Lo cual ya se ve en la satanización obradorista de los empresarios, a quienes se les ha tratado de coartar su libre expresión, cuando están en todo su derecho de opinar, manifestarse y hacer proselitismo electoral como cualquier ciudadano. Es más: por el lugar y papel que tienen en la economía y la sociedad, y con base en la traumática experiencia con los desgobiernos de Echeverría y de López Portillo, es deber de la IP crear conciencia entre los jóvenes sobre los peligros de retornar al populismo y al presidencialismo autoritario que condujeron a desastrosas crisis.

Si no cabe duda de que la clase patronal es el actor económico fundamental del país (genera ocho de cada diez empleos) y que socialmente encabeza la lucha antipopulista (que crece en las redes y el correo de voz a “velocidad ultrasónica”, que no se ve en las encuestas), también es indudable que, políticamente, Ricardo Anaya y los candidatos del Frente son quienes lideran esta lid, porque dan certeza y representan una opción de cambio democrática y moderna, y pueden ganar gubernaturas y estados clave.

Aunque el masivo voto de castigo contra el PRI difícilmente haría ganar a Meade, los priistas tienen la posibilidad de definir la elección: si su sufragio útil es por Anaya podrían participar en su gobierno de coalición y le evitarían al país el trago amargo del populismo.

ENTRETELONES

La obradorista CNTE ya dio el banderazo de la guerra de clases.

                Twitter: @evillarrealr

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