Fascismo y populismo (I)
Los ciclos, populista detonado por Hugo Chávez en 1999 y el ultraconservador, comenzado por Vladimir Putin en 2000, parecían venir a menos a finales de 2015 con la llegada de Mauricio Macri a la Presidencia de Argentina y la mayoría obtenida por la oposición en la ...
Los ciclos, populista detonado por Hugo Chávez en 1999 y el ultraconservador, comenzado por Vladimir Putin en 2000, parecían venir a menos a finales de 2015 con la llegada de Mauricio Macri a la Presidencia de Argentina y la mayoría obtenida por la oposición en la Asamblea Nacional de Venezuela.
Luego, diversos hechos en 2016 crearon la ilusión de que, en efecto, dichos ciclos se aproximaban a su fin: la caída de Dilma Rousseff, el fracaso del proyecto reeleccionista de Evo Morales (en el poder desde 2005), el proceso revocatorio de Nicolás Maduro, y hasta la reanudación de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, supuestamente confirmaban la nueva tendencia en favor de la democracia de la era globalizante.
Sin embargo, el ascenso al poder del protofascista Rodrigo Duterte en Filipinas anunció que, lejos de “echar las campanas al vuelo”, la tendencia internacional hacia un nuevo ciclo democrático-globalizador podía frenarse y darse un vuelco en sentido contrario. Concretamente, la victoria del Brexit en Gran Bretaña y, sobre todo, de Donald Trump en Estados Unidos, han cimbrado al mundo. No sólo porque alientan las posibilidades de ascenso al poder de líderes “mesiánicos”, populistas o ultraconservadores, por ejemplo de Marine Le Pen (Francia), Geert Wilders (Holanda), Beppe Grillo (Italia), Daniel Ortega (que ya se reeligió y pretende una dinastía en Nicaragua) y AMLO (México), sino principalmente, al generar mayor incertidumbre sobre el futuro de la Unión Europea, el NAFTA, la globalización, la gobernanza mundial y la seguridad internacional.
¿Por qué esta efervescencia populista y ultraconservadora? ¿Por qué están proliferando falsos “profetas” con similitudes e incluso convergencia entre ellos? ¿Qué está sucediendo en el mundo? ¿Es una crisis actual y temporal o es más profunda y recurrente?
La matriz antisistémica de la cual emanan ambos ciclos tiene su raíz en la Primera Guerra Mundial. Esta hecatombe generó una crisis civilizatoria de la modernidad, cuando se pone en tela de juicio su fundamento, la razón y sus productos, entre ellos, el desarrollo tecnológico, el progreso, el capitalismo y la democracia liberal. Dentro de este telón de fondo, en diversos países se dieron circunstancias favorables para el desarrollo de ideologías y movimientos políticos y sociales antiestablishment.
Así, en Italia y en Alemania surgió el fascismo en el contexto de la grave crisis de la posguerra, de la efervescencia nacionalista por el “agravio” de las potencias vencedoras y el temor al comunismo. O, por ejemplo, en Argentina y Brasil el populismo emergió como respuesta a los efectos de la gran depresión, la quiebra del Estado oligárquico y los movimientos sociales democratizadores. Este compartido origen antisistémico explica las similitudes entre ambos: la existencia de un líder carismático y autoritario que encabeza un movimiento de masas, nacionalista, beligerante y antielitista, fundado en el “mito del pueblo”; que implanta el estatismo, intervencionista y proteccionista.
Asimismo, permite entender la convergencia entre fascistas y populistas, que se “hermanen” con alianzas políticas, con catastróficas consecuencias como el Pacto Antikomintern, que propició la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, los nexos entre Trump y Putin pueden conducir a una geopolítica de polarización y conflicto, por ejemplo, con la Unión Europea, China…
¿Por qué los electores siguen apoyando a “mesías” pese a los peligros que implican?
ENTRETELONES
Felicitaciones a David López por el reconocimiento de la Lotería Nacional.
Twitter: @evillarrealr
