“Canibalismo” y apología del narco
La recaptura de El Chapo exhibe a “caníbales” y a apologistas del narco.
Después de que el presidente Enrique Peña Nieto anunció la recaptura de Joaquín El Chapo Guzmán, tras 182 días de persecución, Andrés Manuel López Obrador declaró que “las autoridades fueron capaces de detener al delincuente, pero no de encontrar a los 43 normalistas de Ayotzinapa”. Criticó que el gobierno federal está haciendo “un jolgorio, pero cuándo se va a detener a los integrantes de la banda que más roba en el país, el cártel de Los Pinos”.
Conociendo la mezquindad tradicional del Peje no sorprende que pretenda escamotearle al gobierno federal el éxito de la recaptura del narcotraficante más importante desde Pablo Escobar y que trate de lucrar con la tragedia de los normalistas, cuando él tuvo responsabilidad en el asunto. Intenta “voltearle la tortilla” al gobierno como sucedió con la primera recaptura: ésta quedó opacada (pese a que dos gobiernos panistas fracasaron en realizarla), por la crisis de credibilidad derivada de los sucesos de Ayotzinapa y de la Casa Blanca.
Así, su segundo escape fue un golpe demoledor contra el gobierno, porque fue exhibida mundialmente la corrupción e incompetencia de los sistemas carcelario, de seguridad e inteligencia, así como de complicidades “al más alto nivel”. Hubo escarnio de la Presidencia, se exigió la renuncia del secretario de Gobernación, y se agudizó la crisis de confianza, dudaron sobre la capacidad del Estado para reaprehender o de mantener preso a dicho narco…
Para los obradoristas y otros “caníbales” de la política (devoradores de cualquier acción gubernamental) resulta inaceptable la nueva recaptura (y el reconocimiento nacional e internacional que recibió el Presidente) y la intentan descalificar al concebirla como una cortina de humo para ocultar la devaluación, la caída del petróleo, la violencia, la narcopolítica, la corrupción, etcétera. Para este electorerismo de baja estofa, El Chapo sólo es una víctima de la “mafia del poder”, del “sistema” … que son los “verdaderos culpables” de los males nacionales y es a quien se debe combatir…
En este mundo de fantasía no extraña la mitificación de El Chapo. De por sí hay una tradicional fascinación popular hacia los antihéroes, actualmente a los capos, que son mitificados por sus “hazañas”, “sagacidad”, “invencibilidad”, “dadivosidad”, riquezas y porque “desafían a los poderosos”. El Chapo se creyó su propia leyenda y su megalomanía, nutrida por sus propagandistas hollywoodenses y las redes sociales, lo estimuló a inmortalizarse en un filme para justificar sus crímenes, victimizarse y convertirse en un ariete contra el Estado, emulando a Pablo Escobar. Así lo creyeron Sean Penn y Kate del Castillo, quienes vieron la oportunidad de lucrar política y comercialmente, aunque en el pecado llevaron la penitencia, ya que sus contactos con el jefe del Cártel del Pacífico condujeron a su arresto y, ahora, corren el riesgo de un proceso judicial.
El encono de “caníbales” y apologistas del narco no puede confundir sobre quién es el verdadero enemigo. El Chapo se jactó de traficar “más heroína, metanfetaminas, cocaína y marihuana que nadie en el mundo”, aunque no de la violencia y el dolor que ha ocasionado. Hay que aplaudir su captura, pero el narcotráfico es un monstruo de mil cabezas, cuyo combate se ha complicado, no sólo porque ha invadido el mundo de la política, las finanzas, la farándula… sino por convertir a los criminales en héroes, que gozan de la simpatía de amplios sectores sociales. El Estado de derecho es responsabilidad del gobierno, pero también de la sociedad.
ENTRETELONES
Morena será el principal antídoto del PRI contra las alianzas azules y amarillas.
