AN: ahonda fracturas…
Ricardo Anaya parece más comprometido con sus aliados amarillos y/o naranjas que con sus propios representados

Enrique Aranda
De naturaleza política
Al igual que en otros temas, el (irresponsable) actuar de Ricardo Anaya, administrador de turno en Acción Nacional, en el marco de la (estúpida) carrera que él y otros de sus homólogos protagonizan con miras a posicionarse como el dirigente partidista “más generoso con los damnificados por los sismos…”, de cara a 2018, generó ya nuevas fracturas en la cada vez más endeble unidad panista.
En las últimas horas, efectivamente, particularmente luego de que el queretano compareció ante medios para, flanqueando a Alejandra Barrales y Dante Delgado —“es lo de hoy”— volver a elevar las propuestas de “donación” de recursos (no propios) y exigir la inmediata cancelación de la entrega de recursos públicos a partidos, no pocos legisladores y dirigentes del blanquiazul comenzaron a preguntarse “hasta dónde va a llegar esto…”, habida cuenta que todo cuando aquél hace, lo hace al margen de los órganos colegiados responsables de la discusión y aprobación en su caso, de temas como los que nos ocupan.
Hablamos, para dejarlo en claro, del creciente intercambio de reflexiones y puntos de vista que, vía redes sociales, vienen realizando importantes liderazgos del pasado y presente blanquiazul que no dudan en externar su confusión respecto del cotidiano actuar de su administrador de turno que, huelga decir, parece más comprometido con sus aliados amarillos y/o naranjas que con sus propios representados o, peor, que en asumir, junto con los órganos de dirigencia respectivos, la responsabilidad de diseñar y encabezar a la segunda fuerza política del país.
Y esto, déjeme decirle, no porque los panistas de hoy o de antes —“más letrados éstos últimos que muchos de los primeros” por cierto— se nieguen a cancelar el financiamiento oficial a los partidos que, recordemos, aún les dividía al inicio de los noventa, sino porque si ha de avanzarse por esta ruta, piensan, quisieran, y así lo exigieron ayer mismo, que ello se haga con la seriedad y responsabilidad que el asunto implica pues, dicen, optar por la ruta señalada obligará a replantear la estructura y la manera de operar del PAN, la reducción de su (abultada) burocracia, la cancelación de prácticas “poco claras” en el pago de campañas o, peor, a considerar la posibilidad de sólo vivir de las (casi) inexistentes cuotas de una militancia que, más que crecer, tiende a reducirse de manera drástica…
Todo ello hay que hacerlo, indican, pero no sólo como una declaración orientada a ganar el aplauso de una ciudadanía que “ya no nos aplaude…”, con visos populistas y demagógicos para tratar de posicionarse al frente de la loca carrera por demostrar quién es más generoso o quién está más dispuesto a sacrificar (lo no propio, insistamos) en beneficio de las víctimas de acontecimientos que nadie ignora, ni pretende soslayar.
A la vista de los comicios federales, las presidenciales del próximo año en particular, actuar en sentido contrario a lo que, vía redes, legítimamente están posicionando algunos, constituye más un elemento de terquedad que de cualquier otra índole. ¿O no?
Ayer por la tarde-noche, los 40 integrantes de la mayoritariamente anayista Comisión Permanente fueron convocados a encontrarse de manera extraordinaria para hablar —discutir— sobre el controvertido tema… habrá que ver si ello ayudó o no a resanar la cada vez más resquebrajada unidad.
Asteriscos
* Bien haría el cuestionado Miguel Ángel Mancera Espinosa en comenzar a despedirse de su explicitada aspiración de pujar por llegar a la residencia oficial de Los Pinos en 2018 si, como afirma él mismo y sus más cercanos, honrará su personal compromiso de “permanecer al frente del gobierno capitalino si antes no es levantada la emergencia”, declarada por él mismo tras el sismo del 19, que devastó a la aún naciente Ciudad de México y que, vale decir, va para largo…
Veámonos el domingo, con otro asunto De naturaleza política.
Twitter: @EnriqueArandaP