Aguila (sol) que cae…
Nunca antes como la tardenoche de éste miércoles, la cada vez más profunda brecha existente entre la izquierda institucional, la perredista, y amplios sectores de la sociedad, particularmente los jóvenes, quedó mejor evidenciada. Los hechos, las proclamas y exigencias ...
Nunca antes como la tarde-noche de éste miércoles, la cada vez más profunda brecha existente entre la izquierda institucional, la perredista, y amplios sectores de la sociedad, particularmente los jóvenes, quedó mejor evidenciada.
Los hechos, las proclamas y exigencias que acompañaron la manifestación de miles que —en demanda de la presentación con vida de 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, (aún hoy) desaparecidos— marcharon hasta el Zócalo, develó el rostro de una nueva izquierda que, a fuerza de ser sinceros, poco parece tener en común con la “oficialista y entreguista…” que ahora encabeza el guanajuatense Carlos Navarrete Ruiz y que, en su origen, se erigió y se presente aún ahora, como la legítima heredera de las mejores causas del ´68, entre otras.
Ayer, este ciclo pareció cerrarse. La injustificada agresión que, en el marco de la ruidosa manifestación, sufrieran el otrora intocable gurú del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, y acompañantes que, en un gesto de solidaridad, se unieron a la columna, constituye una prueba irrefutable de ello y un claro preludio de lo que, en opinión de no pocos, ocurrirá (“más tarde que temprano, si se quiere…”) con “esa izquierda”.
Y esto, porque para nadie es explicable que la izquierda perredista, esa que en algún momento aglutinó a las principales figuras de los grandes movimientos “de reivindicación” de las cuatro últimas décadas sea hoy, sus dirigentes a nivel gubernamental —el gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero y el exalcalde (ahora prófugo) José Luis Abarca—, actores centrales de una trama en la cual la autoridad agrede y priva de la libertad y la vida, por intereses aún hoy no esclarecidos vale decir, a estudiantes… Independientemente la clara vinculación de éstos con corrientes mucho más radicalizadas, cercanas incluso a movimientos de guerrilla claramente identificados.
Que a nadie entonces sorprenda lo ocurrido en el marco de los lamentables hechos de los últimos días. Lo sucedido, diría alguno de sus más emblemáticos y críticos dirigentes, desplazado hoy del primer nivel de decisión, no es más que la consecuencia lógica “de los muchos errores cometidos: de la pérdida de visión doctrinal e ideológica, de identidad; del abandono de la historia propia y de la ética: del frenesí por el poder, aun cuando éste acerque y eventualmente someta a nuestros liderazgos al ánimo del gobernante en turno…”.
No se necesita ser demasiado acucioso para descubrir a quién beneficia esto…
Asteriscos
* En su primer informe como rector de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAPEP), Emilio Baños Ardavín urgió al gobernador de la entidad, el cuestionado Rafael Moreno Valle, atender, como ha sido su compromiso, las recomendaciones que por el lamentable caso Chalchihuapan hiciera la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de Raúl Plascencia Villarreal. Hacerlo con diligencia, dijo, será un acto de congruencia y una oportunidad para avanzar en la construcción de un orden social más justo.
Veámonos el domingo, con otro asunto De naturaleza política.
