Producir, producir y producir

Se va el año viejo pero nosotros permanecemos con toda la carga de deudas, problemas e ilusiones construidas. Frente al festejo colectivo tradicional del año nuevo nos aferramos puntualmente a la liturgia de la renovación sin cuestionarnos qué tanto estamos donde ...

Se va el año viejo pero nosotros permanecemos con toda la carga de deudas, problemas e ilusiones construidas. Frente al festejo colectivo tradicional del año nuevo nos aferramos puntualmente a la liturgia de la renovación sin cuestionarnos qué tanto estamos donde estamos por decisión propia.

Dicho de otra manera: no puede haber un año nuevo generoso si se entierra al mismo tiempo el año viejo con todo su experiencia acumulada. Si usted no ahorró en el 2015 tampoco puede gastar en el 2016, y si usted no ha sido leal a la causa que le ocupa nada le asegura que ésta lo recompense durante el año que inicia pero, sobre todo, si usted no votó acertadamente en el 2015 tampoco puede esperar milagros de la democracia frente a las urgencias por vivir en un país sin impunidad.

La vida ordinaria no se rige por plazos anuales.

Así es la lógica de la cotidianidad en que existimos. Se oye trillado pero se trata de la correlación causa-efecto. La vida ordinaria no se rige por plazos anuales. Alguien me preguntó cómo entonces festejar el año nuevo y le respondí que mediante un ejercicio de contemplación que revise logros,  errores y asuntos pendientes del año concluido, con conciencia de que el primero de enero tendría que dar lugar a la planeación respecto de la agenda acumulada hasta el 31 de diciembre anterior. Solo eso, pero no es poco.

La fórmula parece inocua más adquiere sentido, sobre todo frente al análisis asumido en los últimos años por Byung-Chul Han, filósofo de origen coreano y formación alemana, quien ha observado la mutación de nuestras sociedades que hasta hace algunos lustros se guiaban por estructuras de disciplina y que ahora son impulsadas por principios de rendimiento.

El animal laborans, como lo denomina Han, es el producto de nuestro siglo XXI donde la agudización de las condiciones laborales del neoliberalismo han llevado a que el individuo se someta voluntariamente a su propia auto explotación.

Ya no depende de la disciplina externa y del castigo para trabajar más, sino que ahora lo hace por convicción propia.

Este nuevo tipo de hombre, de acuerdo con Han, está “indefenso y desprotegido” y por ello carece de soberanía. Dicho de otra manera: piensa menos. Por lo cual la patología que presenta se asocia a la depresión de saberse explotado por sí mismo, sin coacción de terceras personas. El asunto es que no logra comprender que se ha transformado al mismo tiempo en verdugo y víctima. La depresión, subraya el autor, se desata en el momento en que el sujeto de rendimiento ya puede poder más. Y se cansa pero no sabe qué hacer con su cansancio.

Todo esto lo encuentro yo en una creciente cantidad de mexicanos, hombres y mujeres, que buscan ser emprendedores de sí mismos dentro de una sociedad de extremo rendimiento, en la cual pocos están preparados para triunfar. Si esta actitud mental se agregan ritos con tradiciones simbólicas como el festejo del año nuevo, en el cual queremos borrar los fracasos del pasado reciente, con un brindis y quizá hasta con unos tragos de vino, pues sin duda la depresión aparece con fuerza, sin piedad. No por otra cosa se ha incrementado el número de depresivos o fracasados.

De hecho, Byung-Chul Han lo señaló textualmente al consignar que, desde un punto de vista patológico, el comienzo del siglo XXI ha sido de enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad y el síndrome de desgaste ocupacional.

Es importante detenerse para reflexionar.

¿Qué puede hacerse al respecto? Han no lo aconseja directamente pero lo apunta. Es importante detenerse para reflexionar. Observar y contemplar de manera profunda lo que hemos hecho o lo que estamos haciendo con nuestra obsesión por proyectarnos como sujetos de rendimiento.

No trato, con estas notas, de sugerir siquiera que la única salida a nuestros círculos de productividad irracional sea individual. Sin embargo para romper ese paradigma del que muchos hemos bebido, resulta indispensable hacer una pausa personal. Cada quien está en condiciones de detener la carrera en que se ha metido.

Además, siguiendo a Han, es preciso advertir que la sociedad  de rendimiento y actividad produce cansancio así como agotamiento excesivos. Y este cansancio además es un cansancio a solas. La cultura –explica-- requiere de entornos donde sea posible la atención profunda, porque es precisamente el aburrimiento profundo el que conlleva la construcción de procesos creativos.

Y este cansancio además es un cansancio a solas.

No tolerar el hastío producto del excesivo “rendimiento” nos dirige hacia la agitación o la hiperactividad, la histeria del trabajo y la producción. Celebrar el año nuevo sin la capacidad de contemplar el año que se ha ido es un síntoma de este proceso neoliberal que nos agota y arrebata las pausas de meditación con las cuales la naturaleza nos dotó. 

Referencia

  • Han, Byung-Chul. “La Sociedad de Cansancio”, traducción de Arantzazu Saratxaga Arregi. Editorial Herder, 2012, Barcelona.
  • @LuisManuelArell

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