Madres buscadoras

¿Por qué muchas mujeres en México salen de sus casas y no regresan? De acuerdo al Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, al día de hoy están desaparecidas 27, 843 mujeres. Muchas de esas mujeres llevan años perdidas. No se sabe nada sobre ellas ...

¿Por qué muchas mujeres en México salen de sus casas y no regresan? De acuerdo al Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, al día de hoy están desaparecidas 27, 843 mujeres.

Muchas de esas mujeres llevan años perdidas. No se sabe nada sobre ellas que permita localizarlas. De forma paralela, el registro federal señala que hasta el 15 de febrero se localizaron sin vida los cuerpos o incluso restos humanos de otras 1 621 mujeres.

Hay mucha violencia en la historia de cada una de ellas, secuestradas por diversos propósitos, incluida la trata. Estamos hablando de una violencia originada desde el machismo institucionalizado que es una signatura educativa en nuestro país para los hombres dentro y fuera de las familias, en las escuelas primarias y universidades, en los medios de comunicación, en las iglesias y centros de trabajo e incluso en los procesos normativos de la administración pública y la procuración de justicia. El desprecio hacia las mujeres se enseña en nuestra sociedad.

Por esto es que la sistemática desaparición de mujeres tiene un trasfondo estructural, enraizado en la cultura mexicana que históricamente ha degradado la feminidad. El caso de las mujeres desaparecidas, que se extiende a sus madres y demás familiares, es abordado de forma sublime por la directora de cine Natalia Beristain en la película “Ruido” estrenada hace unas semanas y disponible en la plataforma Netflix. Esta historia relata el calvario de Julia (interpretada de forma magistral por la actriz Julieta Egurrola) en la búsqueda de su hija Gertrudis, de 25 años, que lleva 9 meses desaparecida.

La decisión de Julia para tomar las riendas de la investigación ella misma y de esa forma tener certeza respecto al destino de Ger, se encuentre viva o muerta, surge luego de que la fiscalía le ofrece una disculpa por haber errado en el curso de la indagatoria que los llevó ante el cadáver de otra chica. En este periplo se le irá revelando un México turbio, pero también encontrará a otras madres buscadoras y a jóvenes feministas que protestan contra los crímenes de odio.

La cinta “Ruido” denuncia la desaparición sistemática de personas, tanto de mujeres como de hombres y advierte cómo es que el crimen organizado tiene responsabilidad en gran parte de los casos de desaparición, debido a que ha logrado infiltrar a las diferentes corporaciones de policía.

Al mismo tiempo, “Ruido” vincula la lucha de las madres buscadoras con el emergente y creciente movimiento de mujeres en contra de los feminicidios. No es una película cómoda, no puede serlo. Tampoco es un trabajo que ofrezca en su complejidad la inasible realidad de las mujeres que desaparecen sin motivos y cuyos cuerpos son encontrados -cuando llegan a ser encontrados e identificados- pero con registro de violencia, de mucha violencia.

La cinta de Beristain está basada en hechos reales y es por eso que el casting incluyó a organizaciones que desde hace años buscan los cuerpos que el Estado ya no puede ni quiere localizar. El punto de partida para estas heroínas son los cabos sueltos que toda persona desaparecida esparce.

Sin duda, el cine puede contribuir a comprender mucho mejor la narrativa de la desaparición de mujeres y en particular del feminicidio, dos de las expresiones más violentas del machismo mexicano. El mejor ejemplo de esta contribución lo ofrece el documental “Las tres muertes de Maricela Escobedo”, dirigida por Carlos Pérez Osorio, quien da seguimiento a un caso de doble feminicidio en el Estado de Chihuahua que conmovió a la opinión pública.

En este trabajo, Pérez Osorio realiza un minucioso ejercicio periodístico de contexto y seguimiento del caso por el cual la activista Maricela Escobedo fue asesinada en el 2010, afuera del Palacio de Gobierno de esa entidad, donde había establecido un plantón como protesta por la podredumbre de la justicia chihuahuense. Los hechos son los siguientes: Maricela busca a su hija Rubí, secuestrada y asesinada por su pareja de nombre Sergio; luego de encontrar los restos de Rubí en un basurero, logra ubicar el paradero de Sergio en el Estado de Zacatecas y su detención. El criminal confeso, sin embargo, es liberado por los jueces. La movilización que emprende Maricela la lleva a la Ciudad de México para exigir justicia ante el presidente Felipe Calderón que la ignora y después ella regresa a Chihuahua a realizar el plantón donde es ajusticiada. Al día siguiente también matan a su cuñado y su hijo Juan Manuel junto con la familia se refugian en Estados Unidos. El director de este documental completa la historia, pero ha señalado que el expediente daría para mucho más.

El abordaje cinematográfico de los feminicidios, de la desaparición de mujeres, de las madres buscadoras, de la insensibilidad judicial y de la torpeza de las fiscalías encargadas de investigar y detener a los asesinos, abre la posibilidad de masificar la comprensión del problema.

Estas películas tendrían que exhibirse ante audiencias más amplias, por televisión abierta pero también en escuelas, universidades y centros comunitarios. Hablamos de los mapas de violencia de nuestro país, de nudos gordianos. Hablamos de nuestro infierno.

Referencias

  • Beristain, Natalia. “Grito” / Producción de Woofilme, Pasto, Pucará, Chamaca filmes y Bengala, 2022.
  • Osorio, Carlos. “Las tres muertes de Maricela Escobedo” / Producción Vice Studios Latin America, Scopio, 2020.

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