Esa selfie no soy yo

Tomarse fotos uno mismo es casi obligado cuando se tiene a la mano un celular con cámara integrada, pues se considera que las selfies son mecanismos de autoafirmación, pero ¿qué tan cierto es todo esto? Preguntarse respecto de la veracidad de la propia apariencia ...

Tomarse fotos uno mismo es casi obligado cuando se tiene a la mano un celular con cámara integrada, pues se considera que las selfies son mecanismos de autoafirmación, pero ¿qué tan cierto es todo esto?

Preguntarse respecto de la veracidad de la propia apariencia constituye un ejercicio indispensable, sobre todo frente a la selva virtual en que estamos viviendo, donde nuestro entorno deja de ser lo que creemos pero tampoco resulta ser lo que buscamos. Por ese motivo es que el autorretrato incumple la necesidad de proyectarnos ante los demás.

Para el psicoanalista Juan David Nasio es importante distinguir entre la imagen que miramos en nosotros mismos y la imagen que sentimos ser. Estudioso de los vínculos construidos entre el cuerpo y sus proyecciones, aclara que “nunca percibimos el cuerpo tal como es”, siempre lo percibimos diferente, en más o en menos, si bien al final “solo vemos lo que queremos ver”, puntualiza.  

Dicho lo anterior llueven preguntas: ¿Nos vemos a nosotros mismos en las selfies? ¿Nos parecemos a la imagen capturada? ¿Pueden las cámaras proyectarnos tal y como somos? ¿Quién ese ese o esa que aparece en la autofoto? 

La masificación de los dispositivos móviles  ha generado un fenómeno bastante singular por cuanto crece la convicción de que nuestra identidad es fácil de capturar. Pero esa suposición carece de sustento.

De acuerdo al Dr. Nasio, la reproducción del cuerpo “es fundamentalmente una imagen compuesta, un tramado de microimágenes parciales” por lo cual solo se puede ver, sentir y juzgar el cuerpo propio a través de una percepción deformada. Percepción que no registran las fotografías.

Sin embargo, la necesidad de reconocernos a partir de nuestro rostro se ha masificado a la par de los dispositivos móviles que permiten este cotidiano ejercicio.

Quedar registrados en una fotografía no es algo asociado a nuestra naturaleza, sino un impulso derivado de la tecnología. Se trata de una habilidad mecánica que inició en 1831, cuando Robert Cornelius realizó el primer autorretrato luego de haber adaptado el prototipo en el que iba trabajando Louis Daguerre. Con una caja oscura y mediante lentes, así como pulido de placas de plata, pudo desarrollar espejos que le permitieron autofotografiarse, es decir, realizar la primera selfie.

En la actualidad, retratarse uno mismo ha derivado más allá del deseo de situarse como el eje o epicentro en cualquier  narrativa; también obedece a la posibilidad efectiva de dejar testimonios de asistencia, recorridos o participaciones en sucesos y lugares que ofrecen significados privados o públicos.

La apremiante necesidad de decir aquí estoy o aquí estuve (luego existo) “y allí está la selfie para probarlo”, parte de esa creciente necesidad de proyectar no tanto el cuerpo sino la existencia misma, buscándole un valor añadido a la masa corporal.

El Dr. Nasio, quien también es psiquiatra, apunta que “la imagen es un elemento imaginario” que a su vez deriva en elementos significantes. Una condición que puede transformar la visión inicial de la persona sobre sí misma.

Por eso es de destacarse la importancia de cuestionarnos qué tanto un autorretrato nos define. Bueno, entrando en honestidades lo cierto es que tampoco la fotografía logra ese milagro de reflejarnos ya no digamos como somos o como nos miran los demás, ni mucho menos como nos miramos a nosotros mismos.

El cuerpo “real”, aclara este autor, no es captable por el ojo humano ni por el obturador de la cámara: “el cuerpo real es el cuerpo que no pueden asir ni los sentidos, ni las palabras ni los símbolos, el cuerpo que se sustrae a toda aprehensión directa, entera y definitiva”. En definitiva, subraya: “el cuerpo real no es más que el fondo más íntimo de nuestro ser, el soporte más oscuro y secreto, de todo un movimiento de percepciones y de construcciones fragmentarias de imágenes corporales (…) lo real es la parte del cuerpo que se nos escapa al ser humano que somos”.

Dicho lo anterior, viene como inevitable la pregunta: si no somos nosotros quienes resultan captados en las selfies, entonces ¿qué es esa imagen que se asume como nuestro reflejo?

Referencia

  • Nasio, Juan David. Mi cuerpo y sus imágenes. Traducción de Alcira Bixio, Ed. Paidos, 2015, Buenos Aires.

@LuisManuelArell

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