De la cocina a la oficina
Hace unos cinco años, tuve la oportunidad de trabajar en un corporativo y mi situación era peculiar. Mi oficina estaba puerta con puerta con mi departamento, eso hacía más fácil mi situación con relación a mis hábitos, pero recuerdo que cuando me tocaba estar en el ...
Hace unos cinco años, tuve la oportunidad de trabajar en un corporativo y mi situación era peculiar. Mi oficina estaba puerta con puerta con mi departamento, eso hacía más fácil mi situación con relación a mis hábitos, pero recuerdo que cuando me tocaba estar en el corporativo central sufría, pues no tenía la costumbre de irme preparada y a media mañana no sabía qué comer, no había alternativas, lo único que existía era una cafetería de cadena, cuando comía ahí me daba más ansiedad y más hambre.
Esto que les platico no era habitual, pero cuando pasaba me daba cuenta de que para media tarde me estaba durmiendo y no entendía por qué; hoy ya estoy comprendiendo qué es lo que mi cuerpo necesitaba: menos azúcares y alimentos procesados.
Aquí les dejo algunas ideas para ver si les funcionan:
Dedica un día, el que prefieras, para hacer #lascompras.
Procura elaborar un listado, pero también sé curioso, aprovecha ese momento para descubrir alimentos nuevos y sé abierto.
Ponte el reto de probar un alimento nuevo cada cierto tiempo, pero prepáralo y pruébalo de diferentes formas.
Si tu tiempo está limitado, dedica un día para tu cocina. Puedes cocinar alimentos base, como frijoles, salsas y hasta guisados.
Incluye todos los días alimentos vivos, no cocinados, como ensaladas o fermentados.
Un buen termo para llevar contigo el líquido sagrado, además puedes empezar a probar alternativas como té e infusiones que te pueden ayudar a refrescarte, mantenerte atento y, además, que aprenderás a disfrutar.
Procura hacer los snacks que te pida tu cuerpo en el día, trata de, primero, eliminar los procesados (todo lo que viene en caja) y tener a la mano semillas, nueces, frutos secos, frutas o verduras, éstos te ayudarán a ir calmando tus ansias antes de consumir los alimentos fuertes.
De lo bueno poco, conéctate con tu cuerpo y aprende de él, cuando consumes alimentos enteros no necesitas echarte la bolsa de pistachios, con un puño es suficiente para darle a tu día el balance que necesitas.
Prepara tus alimentos como si los fueses a ofrecer a quien más amas, tenemos esa costumbre de cocinar con tantas ganas para el novio o el hijo, pero ¿y tú? Así que éste es tu reto, piensa en ti y lo mucho que te necesitas al entrar a la cocina.
Evita tener cositas para picar cerca de tu escritorio, recuerda que cuando estás enfocado en tu trabajo y tienes tentaciones es inevitable acabar con todo lo que hay enfrente.
Hacer un licuado o smoothie no tiene ciencia, es cuestión de echarle lo que te gusta, pero con balance, algo de grasa buena, una fruta como máximo, algún superfood y un líquido, esto te quitará menos de cinco minutos. Dedica ese tiempo a ti, te lo mereces y tu cuerpo lo agradecerá.
Promueve en la oficina lo que haces sin llegar a ser incisivo, es mejor con el ejemplo, y cuando exista la oportunidad de hacer reuniones propongan su realización en casa y que todos cocinen.
Sonríe por naturaleza y llegará el momento en que estos cambios se reflejarán en ti, y ellos lo notarán.
Tú eres el ejemplo de los que te rodean, incluyendo a los niños, tus hijos, entonces te invito a que lo intentes y no desertes en el intento.
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