Bendita infancia

Regresando de una piñata con Rocco dormido, exhausto de tanto brincar, me puse a reflexionar sobre lo que vi, niños pegándole al payaso, poca convivencia entre ellos, una barra repleta de chatarra y los menores comiendo sin medida y sin respeto, muchas mujeres ...

Regresando de una piñata con Rocco dormido, exhausto de tanto brincar, me puse a reflexionar sobre lo que vi, niños pegándole al payaso, poca convivencia entre ellos, una barra repleta de chatarra y los menores comiendo sin medida y sin respeto, muchas mujeres uniformadas detrás de ellos, mesas de mamás hartándose de refresco y chatarra,  sin darnos cuenta nos metemos al mundo loco de la competencia y la desconexión y lo peor, los lazos de amistad, respeto y convivencia son lo último que se fomenta en nuestros niños.

Recuerdo las fiestas que me organizaban cuando era chica, la mayoría eran así, mis 10 amigas más cercanas se iban a mi casa y jugábamos en la alberca a cosas que no estaban predestinadas, compartíamos, reíamos, comíamos, no había mucha producción.

Yo crecí en el mar y mis recuerdos más bonitos son los domingos en el terreno en la playa con los hijos de los amigos de mis papás, que eran mis amigos, y los juegos en la arena, atrapando cangrejos, revolcándonos en la arena, jugando futbol, observando el mar y las ballenas y los delfines que pasaban, y sí, recuerdo a lo lejos a mis papás pasándola bien y también jugando con nosotros, los papás en el equipo y las mamás echando porras.

Si me pidieran compartir los mejores recuerdos de mi infancia serían las idas a pedir Halloween con mi mamá y amigos, mis momentos en la bicicleta en el patio trasero escuchando Parchís, los días lluviosos y mi papá despertándonos con ranitas minis en su mano, las caminatas rumbo a la iglesia tomada de la mano de mi abuela, mis escapadas al árbol de enfrente de la casa a cortar ciruelas, la kermés del colegio de mi hermano, los viajes a reencontrarnos cada vacación con mis primas y mi tía Alicia, las idas a pie con amigos al parque, las tardes de ensayos con Paola y Nara bailando Flans, las tardes en casa de Gaby jugando, corriendo y bailando y, claro, las tradicionales fiestas de Carlitos en donde bailar era todo.

De todo esto que antes menciono son responsables mis padres y le doy más puntos a mi madre, ella estuvo siempre ahí y, aunque no era responsable directamente de lo que sucedía, buscaba la forma de proveer el entorno adecuado para que nosotros nos divirtiéramos y disfrutáramos nuestra infancia.

Creo que la diversión y la magia son inherentes a la infancia y debieran conservarse en la adultez. Me queda claro, porque ahora siendo madre veo que cuando más se divierte Rocco es cuando estamos en casa tranquilos y él tiene sus momentos de juego en su habitación y luego me pide de vez en vez participar, ir al parque, al río, trepar la montaña, observar las nubes y sus formas.

Rocco sólo tiene siete años y he buscado no caer en la presión en la que nuestro entorno nos ofrece, evitando el consumismo y acercándolo más a lo que es real.

No tiremos la energía en cosas que ellos no necesitan, no necesitamos ser las mamás más creativas, coloridas y populares, sólo necesitamos ser nosotras mismas y darles su espacio y opciones para conectar con la naturaleza.

Búscame en Twitter e Instagram como @lamamaderocco y Facebook como La Mamá de Rocco, Cynthia Robleswelch.

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