La reforma de pensiones provoca un agrio reveillon francés

Es un sistema universal por puntos y establece una edad mínima de 64 años

Por Fernando Aguirre Ramírez

Hace unos meses escribí sobre el movimiento de los chalecos amarillos que tuvo en jaque al gobierno francés luego de su intento de aumentar el precio de los carburantes. Nuevamente, el país galo vive envuelto en una nueva crisis, ni la celebración de las fiestas decembrinas y de fin de año dieron tregua a los huelguistas para detener su manifestación y rechazo contra la reforma de pensiones que impulsa un gobierno desgastado y bajo en popularidad de Emmanuel Macron.

Para miles de turistas que en estas fechas decidieron visitar París y algunas ciudades importantes de Francia ha sido complejo y todo un reto lidiar con la falta de algunos servicios debido a la crisis que vive el país, sobre todo la ferroviaria y de transportes. “Desde el 5 de diciembre que no se para por esta estación (Tarbes) ni un tren” contaba a un servidor un agente de la SNCF (Sociedad Nacional Ferroviaria de Francia).

Y es que desde el 5 de diciembre, en todo el país los ánimos se mantienen encendidos a partir de que los sindicatos decidieron salir a la calle luego de que el gobierno anunciará hacer efectiva una propuesta que se gesta desde la campaña presidencial de Macron y que pretende a toda costa lograr un sistema universal de pensiones por puntos y establecer una edad mínima de 64 años para gozar de una pensión completa.

El plan universal de pensiones de Macron, basado en otros ejemplos como el sueco, busca homologar un régimen general, que cubre 68% de la población activa, el régimen de los funcionarios y 42 regímenes especiales para contar con un sistema único de puntos en el que un euro aportado represente los mismos derechos para todos los ciudadanos y que través de una cuenta virtual los trabajadores acumulen puntos durante su vida profesional y al final de ésta, su número de puntos será convertido en pensión mediante el cálculo del valor del punto que será el mismo para todos.

Para muchos franceses la propuesta gubernamental no es del todo clara por la poca información que hay y genera más dudas e incertidumbre que certezas, pues hoy en día quienes forman parte, por ejemplo, del esquema de 42 “regímenes especiales” de pensiones y que va acorde con su oficio o profesión ejercida, resulta catastrófico pensar que será benéfica una pensión universal que los obligará a retrasar su jubilación a la actual de 42 años que tiene un bailarín de ópera, 52 años para un conductor de tren o 62 años para un profesor. 

Además está lo que supone la pérdida económica para los jubilados, puesto que la cotización se basa en un promedio, producto de toda la vida laboral y no con base en los seis últimos meses de trabajo como se efectúa todavía y que suelen ser los mejor pagados y, por ende, resulta más atractiva la pensión.

Por si fuera poco, la propuesta macronista empezó con el pie izquierdo, cuando el alto comisario, Jean-Paul Delevoye, encargado de impulsarla, tuvo que renunciar al puesto, luego de revelarse periodísticamente  que había “olvidado” declarar  13 cargos, algunos de ellos honoríficos, pero al fin remunerados, con lo que quedaron en evidencia supuestos conflictos de interés al acreditarse su desempeño simultáneo en empresas e instituciones.

Entre la rebatinga y jaloneos de sindicatos y oposición, se debilitó política y moralmente el gobierno de Macron y su proyecto se tambalea ante las numerosas oposiciones.

En su mensaje de cierre de fin de año, el presidente francés dijo convencido que llevará su propuesta de reforma hasta las últimas consecuencias, dejando claro que no cederá nada frente al pesimismo o inmovilismo por tratarse de un proyecto que “ofrece justicia y progreso social”. 

Sin lugar a dudas, el gobierno francés tiene el gran reto en este 2020 de lograr conciliar y llevar a buen puerto uno de sus proyectos estelares. Es evidente que en pleno siglo XXI,  en uno de los países con mayor equidad y justicia social en el mundo debe haber una evolución en el tema de las pensiones que asegure el futuro de las siguientes generaciones pese a las ámpulas que levante en cierta parte de la sociedad francesa.

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