Diplomacia del TLCAN antídoto para Trump
Bien haría el gobierno en recuperar la experiencia que México adquirió en la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Por Antonio Ocaranza*
La campaña electoral en Estados Unidos parece ser responsable de los recientes cambios de funcionarios mexicanos vinculados con Estados Unidos y de replantear tesis preciadas de la diplomacia mexicana.
Los nombramientos de Carlos Sada, como embajador en Washington, y Paulo Carreño, como subsecretario para América del Norte, y la reciente declaración de la canciller Claudia Ruiz Massieu sobre la evolución del principio de no intervención, indican que el gobierno mexicano ha tomado la decisión de participar más activamente en el debate electoral en Estados Unidos. Uno puede esperar que el gobierno comunique los benéficos de la relación bilateral, movilice aliados y reaccione más rápido a ataques contra México.
Bien haría el gobierno en recuperar la experiencia que México adquirió en la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, (1990-1993) y la elección de 1992 en que un candidato independiente, Ross Perot, usaba argumentos similares a los de Donald Trump y basaba su campaña en la oposición al TLCAN.
Perot se mostraba preocupado por el proceso de desindustrialización que padecía Estados Unidos y el creciente poderío económico de Japón con argumentos que resonaban entre obreros que sentían una gran fragilidad laboral. El TLCAN aceleraría tanto la exportación de empleos estadunidenses que se podría escuchar el “gran sonido de succión” de empleos yéndose a México.
En 1992 México tenía muy claro que debía participar en el debate electoral. Simplemente no tenía opción. El TLCAN estaba en su fase final de negociación y era fundamental comunicar un mensaje positivo a los electores y audiencias si se deseaba obtener un voto favorable al acuerdo comercial en el Congreso de Estados Unidos.
Pero México estaba bien preparado. Desde 1990 México venía realizando una campaña de diplomacia pública en favor del TLCAN con base en la máxima atribuida al político Tip O´Neill de “toda política es local”.
Esto suponía convencer a cada representante y senador estadunidense de los beneficios del Tratado a través de un trabajo sistemático de persuasión del electorado de sus distritos y estados.
Fue un ejercicio muy sofisticado que identificaba en cada estado y distrito electoral la opinión de políticos —gobernadores, senadores, diputados y concejales—, empresarios, académicos, organismos empresariales, sindicatos y medios de comunicación; la vinculación que tenían con la economía de México y los aliados que podrían ser movilizados en favor del TLCAN.
En Estados Unidos, el Gobierno mexicano activó y fortaleció la estructura de su amplia red de consulados generales y de carrera; cultivó relaciones con grupos influyentes –muchos ignorados hasta entonces como la comunidad afroamericana-; se acercó como nunca antes a la comunidad mexicano-americana y latina; contrató los servicios de empresas de relaciones públicas y cabildeo; y cortejó a medios de comunicación y corresponsales estadounidenses en México, entre muchas otras acciones.
Se elaboraron mensajes específicos para distritos electorales en Georgia, Washington y Florida con productores de frutas y críticos, en Michigan para trabajadores de la industria automotriz, en Ohio para obreros de manufacturas y en California para empelados de cuello blanco de empresas de alta tecnología y servicios. También, se distribuyeron estudios y materiales en favor del TLCAN entre las cámaras de industria y comercio y académicos de las universidades de todo Estados Unidos.
Los beneficios del TLCAN se comunicaron a líderes políticos y empresariales aprovechando los más importantes eventos públicos y empresariales y hablando directamente con los medios influyentes como The New York Times, Washington Post, Wall Street Journal o Los Angeles Times o medios regionales como Houston Chronicle, Miami Herald o Columbus Dispatch de Ohio. Si aprovecharon las celebraciones del 5 de mayo, los institutos mexicanos de Cultura o películas como Como agua para chocolate para difundir la riqueza de la cultura mexicana.
Para cuando Ross Perot lanzó su candidatura en 1992, México ya tenía una maquinaria muy aceitada de persuasión política para hacer frente a su retórica antimexicana.
Esta experiencia ofrece muchas enseñanzas en el contexto de la campaña presidencial de 2016. El gobierno mexicano puede proteger al país del desgaste electoral si:
1) Establece un objetivo claro que dé coherencia a las acciones del gobierno a todos los niveles y fácilmente ejecutable por cualquier funcionario en Estados Unidos.
2) Define mensajes persuasivos y acciones precisas desde la oficina presidencial de Los Pinos.
3) Las acciones son coordinadas desde la Secretaría de Relaciones Exteriores y ejecutadas puntualmente por la embajada en Washington y los consulados.
4) Moviliza aliados locales en Estados Unidos para hacer eco a los argumentos mexicanos con un tono estadunidense.
Pero, independientemente, del resultado electoral, México debe ver más allá de 2016. Necesita establecer un diálogo constante y de largo plazo con la sociedad estadunidense y compartir una visión de la relación bilateral que sea atractiva y destaque beneficios auténticos. Se trata de escuchar y cortejar a los sectores más importantes para México y adaptar rápidamente argumentos y políticas para mantener una posición basada en las fortalezas del país y la relación bilateral.
A 26 años de distancia del esfuerzo de diplomacia pública del TLCAN, la estrecha vinculación de México y Estados Unidos ha creado más aliados de la relación bilateral y México es un país con menos flancos débiles en materia de democracia, derechos humanos, laborales o ambiental de los que se esgrimían en su contra entre 1990 y 1993.
Sin duda, la intensa relación económica bilateral continuará haciendo a México un blanco apetitoso para políticos que hablen a audiencias afectadas por la apertura comercial y la recomposición industrial en Estados Unidos. Habrá nuevos Perots y Trumps en futuras elecciones pero con un trabajo consistente y de largo plazo con grupos diversos e influyentes a todo lo largo de Estados Unidos, México construirá una relación bilateral más sólida y hará más costoso que un político construya una candidatura presidencial a su costa.
* El autor es licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y socio del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales
