Los dilemas del desarme
Cuando se redactó el último proyecto de la Carta de las Naciones Unidas, en 1945, el mundo no había sufrido aún el impacto de la era atómica.
Por Sergio González Gálvez*
Es significativo destacar que la Carta de las Naciones Unidas no establece entre sus objetivos el de alcanzar el desarme general y completo. En sus artículos 11 y 26 se establece únicamente la necesidad de llevar adelante una reglamentación de los armamentos sin llegar más allá.
Sin duda, una de las razones para esa omisión, la encontramos en el hecho de que cuando se redactó el último proyecto de la Carta de las Naciones Unidas, en 1945, el mundo no había sufrido aún el impacto de la era atómica, ya que el primer ensayo nuclear fue hasta el 16 de julio de 1945 y tuvo como objetivo probar la viabilidad de la bomba de fisión nuclear usada más tarde contra Japón.
Sin embargo, desde que comenzó sus actividades la organización mundial se iniciaron las negociaciones en búsqueda de acuerdos sobre el desarme, reconociendo que el desarme, la solución pacífica de conflictos y las medidas colectivas que podrían aplicarse para mantener la paz, eran los pilares en que se fundaba el sistema de las Naciones Unidas para mantener y preservar la paz internacional.
Inmediatamente después que terminaron las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial, la organización se abocó a los problemas políticos y militares que planteaba a ésta la utilización de la energía nuclear con fines bélicos, y así la primera Resolución adoptada por el organismo en enero de 1946 estableció una Comisión de Energía Atómica compuesta por los miembros del Consejo de Seguridad, fijando su mandato en los siguientes cuatro principios:
1. Existe una obligación de intercambiar información científica a fin de desarrollar la utilización pacífica de energía nuclear.
2. Deben establecerse mecanismos para asegurar que la energía nuclear se utilice para fines pacíficos.
3. Deben eliminarse de los arsenales las bombas atómicas y las armas de destrucción masiva existentes.
4. Debe desarrollarse un sistema de salvaguardias e inspección para evitar que se violen los anteriores principios
En junio de 1946, Estados Unidos de América presentó un proyecto, conocido como el Plan Baruch, de acuerdo con el cual una autoridad internacional controlaría toda la utilización de la energía nuclear y se encargaría de dar licencias a gobiernos bajo estrictos controles. La entonces Unión Soviética rechazó ese plan en virtud de que en su opinión mantendría el monopolio de Estados Unidos de América de las armas atómicas y, por su parte, la entonces Unión Soviética propuso la prohibición de las armas nucleares y su destrucción, a lo que Washington lógicamente se opuso.
Allí se inicia una serie de esfuerzos, hasta que en 1959 se estableció el llamado Comité de Desarme de las Diez Naciones, formado exclusivamente por países miembros de las dos alianzas militares más importantes, el cual empezó a trabajar con un nuevo concepto, esto es, el de alcanzar un desarme general y completo en tres etapas que, según su autor, el señor Jrushchov, debía realizarse en cuatro años, ocasión en la que en realidad se inician por primera vez discusiones serias sobre desarme, habiéndose planteado entre otros muchos problemas fundamentales los siguientes:
a) ¿Qué debe ser primero: el desarme nuclear o el convencional?
b) ¿Qué debe ser primero: el desarme o el control?
c) ¿Qué relación debe existir entre la seguridad internacional y el desarme?
d) ¿Los esfuerzos para lograr un desarme deberían concentrarse en medidas parciales o iniciar inmediatamente la consecución de un acuerdo general y completo?
e) ¿Qué debería hacerse primero: estudios específicos de carácter técnico sobre medidas de desarme o la aprobación de principios generales de conducta para después iniciar los estudios técnicos?
De la discusión de estos problemas fundamentales surgieron los primeros acuerdos, estableciendo los principios generales para avanzar en las negociaciones, y en 1961 el Comité de Desarme de Diez Naciones se convirtió en un comité de 18 naciones, ocasión en la que se incluyó a México entre los ocho nuevos países, época en la que tuve el privilegio como tercer secretario del Servicio Exterior Mexicano de tener mi segunda comisión en el extranjero al asistir como miembro de la delegación de nuestro país a ese comité, que presidió el entonces canciller, don Manuel Tello Baurraud, y el excanciller Luis Padilla Nervo, el entonces también tercer secretario, Antonio de Icaza (q.e.p.d.), y el que esto escribe.
A partir de esa fecha, las negociaciones sobre desarme se centraron en tres áreas fundamentales: 1) desarme general y completo; 2) suspensión de ensayos nucleares y 3) medidas colaterales de desarme y fue, precisamente, como una medida colateral de desarme que, por primera vez, se planteó la posibilidad de establecer zonas libres de armas en el mundo, aunque en realidad la idea del control de armas a nivel regional no es nueva, ya en la conferencia de Berlín en 1984-1985 se había hecho el esfuerzo para neutralizar de cualquier conflicto al África Central y, unos años después, en la Conferencia de Bruselas de 1890 se estableció el primer control sobre la importación y uso de armas en el África, sin embargo, no fue sino hasta 1956 cuando se empezó a hablar de la posibilidad de establecer zonas libres de armas nucleares, mencionándose Europa Central, los Balcanes, el Mediterráneo y el Oriente Medio.
A la luz de las anteriores consideraciones, iniciamos un somero examen de los esfuerzos que se han llevado a cabo en temas de desarme, empezando con el que constituye uno de los grandes éxitos de la diplomacia mexicana y latinoamericana al crear la primer zona poblada libre de armas nucleares y de los esfuerzos para ampliar esa prohibición a cierto tipo de armas convencionales de carácter ofensivo.
*Embajador emérito de México y
exsubsecretario de Relaciones Exteriores.
