Por piedad
No es que sólo me indigne. Me exaspera. APERITIVO: UN AÑO DE AYOTZINAPASe cumple un año de la terrible tragedia en Iguala, Guerrero, en la que, entre otras cosas, murieron seis y desaparecieron 43 chicos de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa. Es un ...
No es que sólo me indigne. Me exaspera.
APERITIVO: UN AÑO DE AYOTZINAPA
Se cumple un año de la terrible tragedia en Iguala, Guerrero, en la que, entre otras cosas, murieron seis y desaparecieron 43 chicos de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa.
Es un año que culmina con la segunda reunión entre el presidente Enrique Peña Nieto y los padres de los normalistas desaparecidos y la gente que les rodea.
A un año, tenemos una desconfianza tal que nadie puede siquiera aventurar qué rayos pasó. Tras un año no se ha esclarecido el derrotero de un quinto autobús ni se ha esclarecido con precisión algo tan básico como el móvil de la desaparición o el presunto homicidio.
Y, desde luego, el dolor de los padres que, comprensiblemente, será difícil diluirlo frente a semejante tragedia.
Esto a pesar de más de una centena de detenidos y de la participación de más peritos que una Convención Internacional de Peritos. Cada quien da su versión de los hechos.
Sabemos que, haga lo que haga el gobierno, los padres de los normalistas no creerán nada.
Entiendo que décadas de ineficiencia nos han hecho naturalmente desconfiados. Entiendo que el dolor de los padres, que quieren ver al menos un indicio visible de sus hijos, influye para persistir.
No obstante, la politización de un caso criminal es la receta para que no se resuelva nunca, para no encontrar la salida nunca, para no poder llegar nunca a una conclusión de lo que pasó.
Lo que sí parece más claro es que la actuación de Murillo Karam al presentar la “verdad histórica” fue impresentable, máxime que estuvo a punto de dar el caso por cerrado cuando ni siquiera hay un móvil.
Pero también se sabe que parte de las personas que rodean a los padres de los normalistas sólo buscan objetivos políticos y están jugando con su dolor y, claro, con nuestra puntual indignación.
Un año.
Por piedad.
PIATTO FORTE: EL PAPA FRANCISCO Había pasado mucho tiempo que no me emocionaba con una pieza de oratoria política, hasta que escuché esta semana al papa Francisco en su alocución en el Congreso de Estados Unidos.
No sólo fue un momento histórico, ya que era la primera vez que un Papa pisaba el Capitolio, sino, además, fue una cátedra de ética política.
Haciendo un agradecible esfuerzo adicional por entregar en inglés su mensaje, el Sumo Pontífice les pasó a decir sus verdades a los legisladores de Estados Unidos. Es muy probable que nadie se había atrevido a decirles, en su propia casa, lo que Francisco les planteó.
Les dijo en su nariz la perversión y el daño que hace el tráfico de armas y la absurda flexibilidad de su comercialización al interior de Estados Unidos.
También les espetó delicadamente en su carita la falta de ética y humanidad, del odio que propagan con sus políticas migratorias y sus enfoques racistas hacia los migrantes, que sólo buscan un futuro mejor.
Sí, les sorrajó una verdad incontrovertible: ellos también son inmigrantes en esa tierra (EU)... ¡que no es suya! (Es de los indígenas apaches, seminoles, etcétera).
Les exhortó con firmeza a respaldar el combate al cambio climático de una manera tan amable y decidida que hizo avergonzar, puntual y sutilmente, a aquellos cavernícolas que todavía se atreven a cuestionar su existencia y la mano del hombre en la degradación de la naturaleza. Bien, papa Francisco. Bien. Aun con las dificultades del lenguaje, qué claridad de voz para quienes no tienen voz en el seno del inmueble más poderoso de la Tierra.
El “efecto Francisco” en la política de EU apenas se está empezando a sentir. Apenas.
Como la canción, sólo esperen un poquito más.
Por piedad.
DOLCE: POR PIEDAD
¿Alguien podría tener la gentileza de explicarle con peras y manzanas a Cuauhtémoc Blanco, alcalde electo de Cuernavaca, que lo que va a gobernar no es un estado, sino un municipio?
Digo, por piedad.
Café para todos.
