¿Qué se puede salvar?
Para México habrá por lo menos tres consecuencias inmediatas derivadas de la elección de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos: las económicas, derivadas de la convicción del próximo mandatario de revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); las sociales, derivadas del regreso voluntario o por deportación de decenas o centenas de miles de migrantes, y las vinculadas a la violencia derivada de una estrategia equivocada hacia el crimen organizado.
Las económicas: en su campaña, Donald Trump osciló desde amenazar con salirse unilateralmente del TLCAN, hasta exigir su apertura y renegociación. En la visita que obsequió al presidente Peña Nieto, cuyas imágenes fueron utilizadas hasta el último día de la campaña, Trump fue más benévolo hacia el TLCAN. Mencionó la “mejora” del tratado entre dos de las cinco “metas compartidas” entre los dos países. Dijo así: “el TLCAN es un acuerdo con 22 años de vigencia que debe ser actualizado para que refleje la realidad de nuestra época. Existen muchas mejoras que podrían efectuarse que harían que México y Estados Unidos sean más fuertes y podamos mantener a la industria en nuestro hemisferio. Nos enfrentamos a una tremenda competencia de China y el resto del mundo… (Debemos pugnar) por mantener la riqueza manufacturera en nuestro hemisferio”. Una pésima postura negociadora es aceptar por adelantado la apertura del TLCAN, como lo ha ofrecido la titular de Relaciones Exteriores.
Qué entiende el Presidente electo Trump por “la realidad de nuestra época”, es, en el mejor de los casos, un gran misterio. Pero claramente ignora que la globalización es una realidad física y no una simple postura ideológica, que no hay producto relevante para el bienestar humano que se produzca en un solo país, que las piezas que participan en la industria automotriz cruzan casi una decena de veces las fronteras antes de formar parte de un auto, que imponer un arancel de 35% a las exportaciones mexicanas de manufacturas equivale a un tiro en el pie de importantes empresas estadunidenses instaladas aquí y allá y que para tomar una simple taza de café casero la red de la economía mundial tuvo que participar.
La ventaja comercial derivada de la certeza al acceso al mercado norteamericano se esfuma por un tiempo, aquel en el que el nuevo Presidente se tarde en aprender —si es que lo hace— las realidades complejas del comercio internacional y de las ventajas competitivas del bloque norteamericano. Durante esos meses o primeros años, la nueva inversión extranjera directa no llegará o lo hará a cuentagotas. Y la que está instalándose podrá hacer un alto para pagar por ver. Miles de empleos podrán perderse.
Ya ha habido consecuencias para el peso mexicano y para las inversiones en Bolsa; la inestabilidad continuará siguiendo la probable montaña rusa de noticias asociadas con la formación del nuevo gobierno y cualquier declaración del próximo Presidente.
¿El Presupuesto recién aprobado en la Cámara de Diputados tomó en cuenta estas nuevas realidades? ¿Aumentó los presupuestos de las secretarías de Economía y de Relaciones Exteriores para promover nuevos destinos a nuestras manufacturas? ¿Mejoró y aumentó el financiamiento de la banca de desarrollo? ¿Previó un generoso aumento al salario mínimo para favorecer la demanda interna? ¿Previó recursos extra para las entidades que recibirán más migrantes de regreso? De ninguna manera: la Cámara fue avasallada, como de costumbre, por una Secretaría de Hacienda miope.
Las consecuencias sociales: antes de que inicien las deportaciones, cualquiera que sea su escala, miles de migrantes regresarán “voluntariamente” al país o lo cruzarán para regresar a Centroamérica aterrados por el clima de violencia racista alentado por la retórica del nuevo líder estadunidense. La economía y la realidad social de la frontera norte serán alteradas radicalmente, con muro o sin él. Miles de estadunidenses han sido convencidos por su próximo Presidente de que la causa del deterioro de su nivel de vida somos nosotros.
Y, finalmente, la violencia: ya que el nuevo Presidente de EU es aliado cercano de la National Rifle Association, es muy difícil que disminuya la venta ilegal de armas al crimen organizado en las más de 12 mil armerías ubicadas a lo largo de la frontera. Trump se ha manifestado en contra del crimen organizado con la misma estrategia fracasada de Reagan: desmantelar los cárteles, prohibir el consumo, etcétera.
Son malos tiempos para el país, pero lo serán menos si en vez de negarlos ponemos manos a la obra para mitigar sus efectos y buscar nuevas oportunidades.
Me equivoqué en 1999 cuando predije que Hillary Clinton ganaría la Presidencia de Estados Unidos en 2008. Y me volví a equivocar ahora: una disculpa a mis queridos lectores. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y en fb.com/ceciliasotomx
