Auschwitz en Cocula

¿Cómo es posible que43 muchachos combativos aceptaran poner su vida en riesgo de esa manera sino porque fueron sometidos brutalmente con armas y terror?

A raíz de las dos conferencias de prensa del procurador Murillo Karam sobre el probable asesinato de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, se han multiplicado una serie de hipótesis que cuestionan las conclusiones de la PGR: dos investigadores de la UNAM y de la UAM ponen en duda la cremación en el basurero de Cocula, un tuitero informa de un incendio detectado el 27 de septiembre por satélites de la NASA en Cocula pero no en el basurero, el padre de uno de los estudiantes informa de señales del GPS del celular de su hijo emitidas desde el cuartel del Ejército en Iguala. Desafortunadamente, el modus operandi para el ocultamiento de estos hechos criminales coincide sorprendentemente con el seguido en el campo de exterminio de Auschwitz, hace 7 décadas, y quizá su examen ayude a esclarecer los hechos de la noche del 26 de septiembre. Paso a examinar tanto las coincidencias con la experiencia nazi, como los argumentos y rumores esgrimidos.

Los cadáveres no pudieron haber sido incinerados. Dos científicos de la UNAM y la UAM investigaron la cremación de 15 cadáveres de jovencitas de la India, extrapolaron esa información para el caso de cremar el triple de cadáveres y concluyeron que la magnitud logística requerida es tan grande que hace inverosímil la versión de la PGR. En su bien documentado informe, citan numerosas referencias sobre experiencias de cremación. Sin embargo, no citan el caso de las cremaciones al aire libre en Auschwitz.

Entre el 15 de mayo y el 8 de julio de 1944, más de 435 mil judíos húngaros fueron trasladados a Auschwitz para su exterminio. Los hornos crematorios no se dieron abasto y la SS ordenó que se cavaran cinco fosas, cada una de 12 metros de largo por 6 de ancho y un metro y medio de profundidad, así como una plataforma de concreto para “triturar los huesos restantes”. El trabajo lo hacían los Sonderkommandos, que estaban integrados por prisioneros judíos que llevaban a otros prisioneros a las cámaras de gas, trasladaban los cadáveres a los hornos crematorios y después dispersaban cenizas y huesos y eran ejecutados semanal o mensualmente a fin de eliminar posibles testigos. Filip Müller, uno de los contados integrantes de los Sonderkommandos que sobrevivió, rindió su testimonio.

Dice Müller: “En los hornos crematorios, una vez que el fuego estaba plenamente encendido bastaban abanicos eléctricos para mantenerlo, mientras que en las fosas (al aire libre) cuando el aire dejaba de circular entre los cadáveres, teníamos que alimentarlo con combustible o alcohol de madera. Bastaba una hora para iniciar la quema de unos mil cadáveres por turno... y unos 25 colegas trabajaban en ello... El proceso duraba unas 5 o 6 horas...”.

Müller relata que en cierta ocasión, en un día y en sólo dos de las fosas cremaron 2,500 cadáveres. Comparativamente, la operación para desaparecer los cadáveres en el basurero de Cocula no parece imposible y la extrapolación llevada a cabo por los investigadores universitarios parece apresurada. Sin embargo, muchas otras observaciones contenidas en su informe, como el de los posibles rastros dejados por los cuerpos al ser arrastrados hasta el fondo del basurero, son de gran valor y deberían ser tomadas en cuenta y respondidas por la PGR. Existen dos únicas fotografías de la quema de cadáveres en las fosas al aire libre en Auschwitz publicadas en Images in Spite of All, de Georges Didi-Huberman, Chicago University Press.

La NASA detectó un incendio el 26 de septiembre, pero no exactamente en el sitio del basurero. En efecto, el proyecto Aqua de la NASA monitorea con satélites incendios en varias partes del mundo, incluido México, por lo menos desde 2011. La PGR debe solicitar y examinar estas fotografías y compartirlas.

El celular de uno de los jóvenes emitió señales de su GPS ubicadas en el cuartel militar de Iguala. En este rumor está basada la demanda de entrar a los cuarteles militares y hay mucho que se puede decir al respecto. Desde que los GPS de celulares inteligentes, incluso sofisticados, dan señales poco exactas con decenas de metros de rango, hasta que la localización de un celular no necesariamente coincide —como lo hemos experimentado muchos de nosotros— con la presencia del dueño. Más importante: ¿dónde está la imagen con la localización mencionada? El GPS es ilocalizable cuando se acaba la batería y ésta difícilmente dura más de dos días. Si no se tiene, las operadoras de celular sin duda pueden aportar información útil y valiosa sobre las señales emitidas por esos 43 celulares la noche del 26/27 de septiembre. La PGR debe tenerla e incluirla en su informe.

En los trenes que transportaban a los prisioneros a los campos de concentración, muchos morían a consecuencia del hacinamiento. Algo parecido sucedió en Iguala. Dos testigos que participaron en el crimen, aseguran que entre 15 y 25 muchachos fallecieron a consecuencia de la asfixia, pues los amontonaron en un vehículo. ¿Cómo es posible que 43 muchachos combativos aceptaran poner su vida en riesgo de esa manera sino porque fueron sometidos brutalmente con armas y terror? Es posible también que la vana esperanza de salvar la vida les hiciera obedecer en esos últimos momentos. Claude Lanzmann, el cineasta francés que en su película Shoa entrevista a sobrevivientes de los campos de exterminio, cuenta que durante el trayecto en los trenes, muchos polacos advertían desde los andenes a los viajantes que serían asesinados, pero nadie les creía por lo que no hubo rebeliones en esos viajes a la muerte.

Cito aquí las palabras de un SS a los Sonderkommandos mencionado por Simón Wiesenthal: “(en el futuro) quizá habrá sospechas, discusión, los historiadores investigarán, pero nunca habrá certezas porque, con ustedes, destruiremos toda prueba. E incluso si quedara alguna evidencia y sobreviviera alguno de ustedes, la gente dirá que los hechos que ustedes describen son demasiado monstruosos como para ser creídos”. Nada muy diferente del mensaje enviado por uno de los sicarios a su jefe Sidronio: “Nunca los encontrarán. Los hicimos polvo y los tiramos al río”. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog

*Analista política

ceciliasotog@gmail.com

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