Con solidaridad y enojo
• Estoy convencido de que transformaremos el enojoen alertas programáticas contra el machismo.
Me tocó el alma leer la nota y luego escuchar el audio donde una maestra de inglés sufre la agresión de su marido o pareja, un gandalla golpeador con lenguaje de patán (excelsior.com.mx, 23/04/27).
Sus alumnos, que estaban en clase en línea escucharon y tal vez también vieron (el periódico no transmite las imágenes para no agraviar más a la docente) la amenaza: “¿Quieres que te putee? Es mi computadora, no me la agarres. Hija de tu pu… madre, me chingaste el pu… botón”.
También escucharon la súplica de su maestra: “Espérame, déjame cortar la clase, déjame cortar la clase, ya escucharon, ya escucharon”. Y luego ruidos de golpes y llanto.
Al observar que ya no respondía a sus voces, sus alumnos que preguntaban si estaba bien solicitaron apoyo vía las redes sociales.
La docente que sufrió la agresión labora en una preparatoria de la Universidad Autónoma del Estado de México. La nota menciona que las autoridades emitieron un comunicado donde ofrecen apoyo y protección a la maestra. Espero que la UAEM no se quede nada más en una nota y por medios legales recargue contra el agresor. Tal vez no sólo ella, también sus hijos —si los tiene— pueden correr riesgos mayores y ser víctimas de nuevo de ese macho palurdo.
El llamado de los alumnos indujo una actividad significativa en las redes sociales. Hay más denuncias e insultos al pendenciero, pero sobresalen los mensajes de solidaridad. Me aúno a éstos. Ninguna mujer merece ese trato; le manifiesto mi respaldo.
Por desgracia, no es un hecho aislado. Sucede a cada rato y en todas partes. La (in)cultura machista está bien acendrada en este país. Hay miles de agresiones domésticas que las mujeres no denuncian por miedo a más represiones, por vergüenza o por costumbre, porque la educación que recibieron en el seno de la familia —que muchas veces se refuerza en las escuelas— les dice que deben ser sumisas y abnegadas.
Cierto, gracias al ascenso de las diversas corrientes feministas esa costumbre va en retirada, pero muy lento. En los libros de texto, que la 4T quiere echar para atrás, hay pasajes excelentes que ensalzan el valor de la mujer como ciudadana y plantean la igualdad social entre los sexos. Pero el machismo muestra una persistencia formidable, es parte de esa cultura hegemónica que la modernización no ha podido desterrar. Peor, puede regresar por el crecimiento de la impunidad.
Sin embargo, las luchas de mujeres —muchas maestras entre ellas— y varones solidarios no reposa. Estoy convencido de que transformaremos el enojo en alertas programáticas contra el machismo. No será fácil y tomará mucho tiempo, pero lograremos la equidad de género y desterraremos la discriminación por género, raza o condición social, incluso las de preferencias sexuales.
Pero lo urgente en este momento es presionar a las autoridades para que, en lugar de negar hechos evidentes de violencia doméstica, hagan su trabajo.
Me hermano con esos estudiantes que levantaron la voz para defender a su maestra.
