Burocracia y trabajo académico en la UAM
Max Weber, enEconomía y sociedad, estipuló las bases de la racionalidad burocrática y en ciertos pasajes habla de la racionalización de la educación superior como una “‘formación cultural’ que cultiva las enseñanzas cada día más indispensables para el ...
Max Weber, en Economía y sociedad, estipuló las bases de la racionalidad burocrática y en ciertos pasajes habla de la racionalización de la educación superior como una “'formación cultural' que cultiva las enseñanzas cada día más indispensables para el burocratismo moderno" (p. 1185).
Pone ejemplos de cómo las universidades europeas y estadunidenses estaban cada vez más al servicio de la burocracia, y cómo las profesiones fueron el cemento para fincar la carrera del servicio profesional en los estados democráticos. También ofreció pistas para el análisis concreto a partir de tipos puros: “La burocracia tiene un carácter ‘racional’: la norma, la finalidad, el medio y la impersonalidad ‘objetiva’ dominan su conducta” (p. 1189).
No escribo con frecuencia acerca de lo que sucede en mi Casa abierta al tiempo, pero pienso que hay cada vez más excesos (burocratismo) que, en lugar de apoyar el trabajo de sus académicos, ponen trabas o lo hacen invertir tiempo con requisitos que rayan en el ridículo.
La norma. Tenemos una legislación abundante, desde su fundación, el Colegio Académico comenzó el recorrido para codificar cada paso; estamos llenos de reglamentos, tabuladores e informes. La traba a la academia es que una modificación al plan de estudios de una licenciatura o posgrado, por ejemplo, puede tomar lustros hasta que llega a su aprobación final; en ocasiones el conocimiento que se pensaba impartir está a punto de la obsolescencia. Una muestra extravagante: tomó siete años al Consejo Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco aprobar un simple cambio de nombre de mi área de investigación.
Finalidad y medio. Hay una tendencia a confundir los instrumentos con los propósitos. Si el fin de la universidad es que el profesorado imparta docencia, haga investigación y difunda sus productos, la legislación impone que hay que rendir informes de todo, cada trimestre de docencia y anuales de todo lo demás.
¡Qué bien que se impulse el principio de rendición de cuentas! No tengo nada en contra de informar, pero a veces me pregunto quién se toma el tiempo de revisar más de cuatro mil informes anuales con cientos de miles de ítems registrados. ¿Cuál es el destino de la inmensa cantidad de información? No encuentro respuesta.
Parece que la burocracia confunde el fin (producir conocimiento) con el medio (informes).
Objetividad. El miércoles pasado nos llegó la noticia de que hay una auditoría en la UAM y querían saber para el viernes si se había publicado el proyecto de investigación, no los productos de ese proyecto, con fechas y otros datos que ya habíamos enterado en el informe anual. ¡Pero había que hacerlo de nuevo!
Atención. No todo es burocratismo. Muchos de nosotros recibimos apoyo —y sustancial— para hacer nuestro trabajo. Lo que abruma es la pérdida de tiempo llenando informes que nadie consulta.
Fuente: Max Weber (2014), Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica. Edición Kindle.
