La CNDH

Conforme a la ley, el próximo 15 de noviembre terminará el periodo de cinco años para el cual fue electo el actual presidente de la CNDH, Luis Raúl González Pérez. El Senado está obligado a reelegir al actual o, en su caso, designar a una nueva persona.

El próximo martes 24 y miércoles 25 de septiembre habrá de celebrarse, en el WTC, el foro nacional denominado Reputación, Verdad, Redes Sociales y Derechos Humanos. El evento se realiza en un momento importante, pues recientemente el Senado aprobó el acuerdo para que se elabore la convocatoria a fin de elegir al presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Conforme a la ley, el próximo 15 de noviembre terminará el periodo de cinco años para el cual fue electo el actual presidente de la CNDH, Luis Raúl González Pérez. El Senado está obligado a reelegir al actual o, en su caso, designar a una nueva persona para ocupar el cargo, antes de dicha fecha. Dicho funcionario será elegido por el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes de la Cámara de Senadores. Por lo pronto, AMLO ha comentado que deberá ser íntegro, honesto y no trabajar para grupos de poder.

En mi opinión, Raúl González Pérez cumple cabalmente con esos tres requisitos. Considero que debe ser reelecto. Su participación en distintos asuntos ha dado muestra de imparcialidad frente al poder público. En el caso de Ayotzinapa, tema retomado con fuerza recientemente por parte del actual gobierno, durante el pasado sexenio la recomendación que en su momento hizo la CNDH abrió nuevas hipótesis como el involucramiento de la Policía Federal y la policía del municipio de Huitzuco. En esta nueva era, han sido importantes sus posiciones contra decisiones de la actual administración federal. Tal es el caso de la fuerte crítica que hizo a la desaparición de las estancias infantiles.

La actuación del actual titular ha sido autónoma y firme, tanto en el sexenio anterior como en el presente. Sin embargo, ésta no es la única razón por la que creo que el actual presidente debería reelegirse. La CNDH, por ser un pilar importante para nuestra vida democrática, requiere una transformación profunda, que será mucho más inteligente y viable si la encabeza alguien que ya tiene conocimiento de la estructura institucional actual; por sobre otro que apenas llegue a aprender.

A 29 años de su existencia, hoy la discusión sobre cómo renovar esta institución no reside prioritariamente en el perfil de su titular. Si bien el peso de dicha figura ha sido importante para darle solidez moral frente a la sociedad en sus recomendaciones a la autoridad; hoy la institución debe ir mucho más allá. Debemos discutir si el diseño original sigue siendo vigente.

El modelo actual basa la fuerza de la CNDH en recomendaciones “no vinculantes”, donde su principal asidero es el respaldo que les da la sociedad civil. Miles de organizaciones comprometidas con los derechos humanos se involucran diariamente en temas que van desde la tortura y las desapariciones, hasta las deficiencias en la provisión de servicios y bienes públicos “garantizados” en la Constitución: ¿cómo podemos acercar mucho más a la institución con el ciudadano de a pie?

Es necesario evaluar y definir nuevos mecanismos que permitan evolucionar el modelo, para que la CNDH se convierta en una institución que muchísimos más mexicanos conozcan y utilicen, de manera práctica, en su vida cotidiana. ¿Cómo lograr que ejemplos como el derecho a la salud, al agua o a la educación se apliquen sin dilación ni distorsiones en todo el territorio nacional? ¿Cómo lograr que la CNDH sea esa institución eficiente, cercana, práctica y oportuna sin distingos sociales?

Se ha comenzado a hablar sobre la transformación de la CNDH en una Defensoría del Pueblo como la que actualmente existe en Colombia. Habría que anotar que cada país tiene su grado de evolución institucional y sus condiciones específicas. Por eso debemos responder preguntas tales como: ¿es posible que la transformación de la CNDH catalice el cambio que hoy se requiere en nuestras fiscalías estatales y federal? Si las recomendaciones públicas se vuelven vinculatorias, ¿cómo garantizar que ello haga sinergia con el Poder Judicial, en lugar de competir contra él? Son sólo dos ejemplos que no tienen respuestas claras ni fáciles aún.

De una sana evolución de la CNDH dependerá en buena medida la evolución de nuestra vida democrática. No podemos dejar el debate circunscrito únicamente a quien será el nuevo titular ni mucho menos copiar instituciones sin hacer una revisión integral respecto a cómo funcionarían en nuestra propia circunstancia.

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