Insisto: #FueraElFuero

El fuero es una figura establecida en los siglos XVI y XVII, en Inglaterra, en Francia y en Estados Unidos, para dar protección personal frente a acciones judiciales de carácter civil. 

También existen los fueros eclesiástico y castrense, que se refieren al derecho y deber de ciertas personas, de ser juzgadas por tribunales especiales.

Otros antecedentes más familiares hablan de la inmunidad parlamentaria contenida en las constituciones de Francia y Estados Unidos. Influida por esos derechos y libertades, también de la aparición de la Constitución de Cádiz, que sirvió de inspiración, con otros documentos, al decreto constitucional de Apatzingán. Así, desde la Independencia de México hasta 1917, los conceptos de inmunidad parlamentaria, fuero, juicio político y declaración de procedencia han sufrido ajustes en las diversas constituciones mexicanas y en otras leyes.

El fuero pues, surge en el constituyente de 1917 como una garantía contra acciones de los mandatarios o funcionarios con mayor poder, que podrían impedir el ejercicio de la función pública y para permitir a quienes gozan de dicho beneficio, expresarse con libertad y cumplir la palabra empeñada a los electores o trabajar en beneficio es éstos sin que nadie lo impida. Actualmente, bajo el amparo del fuero, los legisladores exponen sus ideas en el Congreso sin que alguien pueda frenarlos.

Hay que decir con toda claridad, que con el paso del tiempo, el uso del fuero, ha sufrido graves modificaciones realizadas por quienes gozan de su beneficio, más que nada, para satisfacer sus caprichos, siempre en busca de su protección a ultranza, por los actos que cometen, no siempre en beneficio de las comunidades que representan, sino que muchas veces en contra de ellas.

Es decir, se ha convertido en un escaparate de actos deleznables, para permanecer impunes ante la justicia, que se ve impedida para castigar delitos cometidos por quienes lo ostentan. Para que esto ocurra, quienes procuran justicia en la Cámara de Diputados, deben recurrir a una figura denominada desafuero, que difícilmente se inicia, toda vez que el proceso regularmente se politiza y empantana.

Las cámaras de Diputados y de Senadores han sido buscadas como refugios de ciertos políticos en busca de protección por delitos que han cometido. Recientemente fuimos testigos de casos de legisladores que demandaron resguardo dentro de sus paredes. Tal fue el caso de Julio César Godoy Toscano, quien tras ganar la elección, acudió un año después a tomar posesión, seguramente con la promesa de no ser detenido por sus nexos con el crimen organizado.

Hace apenas unos días, el diputado suplente de Chihuahua, Antonio Tarín, quiso tomar posesión, y literalmente se atrincheró en San Lázaro por alrededor de 48 horas. Es evidente que su intención era obtener la protección del fuero para evadir las acusaciones por peculado, que una autoridad judicial ya ha dictaminado en su contra, por 300 millones de pesos.

La función del fuero se ha trastocado a tal grado, que se utiliza para cometer actos de corrupción incalificables. Se ha pervertido hasta el nivel de usarlo como una medicina que inmuniza contra cualquier ley. Existen casos de legisladores, presidentes municipales o gobernadores, que se han dedicado en sus distritos y territorios, a despojar de propiedades a ciudadanos honestos y a esquilmarlos de diferentes formas, sin que las denuncias en contra prosperen, por el simple hecho de ostentar un cargo de representación popular.

Personalmente, he presentado iniciativas que buscan acabar con el fuero. Como presidente de la Comisión de Buen Gobierno, logramos que en la Constitución de la CDMX se retirara esta figura; y yo mismo, junto con otros compañeros, mantengo un litigio en el poder judicial, para que como Senador, me sea retirado este “privilegio” que considero lastimoso.

He advertido que el tema es sistemáticamente aplazado en el ámbito federal, y que siempre se busca darle la vuelta para no revisarlo. ¿No reza el dicho que el que nada debe, nada teme? La presunción de inocencia cubre a todos por igual.

Los mexicanos están cada día más hartos de que estas figuras existan y de que los políticos, que deben cumplir con una función específica, como cualquier mortal, continúen convencidos que son semidioses. Por eso insisto #FueraElFuero.

Twitter: @ RiosPiteJaguar

Temas: