La cultura como espectáculo

Ese es el título del libro del crítico de arte y filósofo Eduardo Subirats que resume el proceso de desintegración de la cultura contemporánea: “…al aceptar la alegría del espectáculo de la vida como principio de identidad existencial, el simulacro de la cultura ...

Ese es el título del libro del crítico de arte y filósofo Eduardo Subirats que resume el proceso de desintegración de la cultura contemporánea: “…al aceptar la alegría del espectáculo de la vida como principio de identidad existencial, el simulacro de la cultura como reino sublime de la creatividad humana, la disolución de la memoria histórica como la gran liberación del hombre contemporáneo, y el porvenir de una sociedad integralmente racionalizada como la redención cumplida de la historia de la humanidad” (FCE, México, 1988, p.217-225).

Un ejemplo reciente del avance de esa cultura espectacular ha sido “el anillo de compromiso” con un diamante fabricado con parte de las cenizas del arquitecto Luis

Barragán, que se exhibe en el MUAC de la UNAM. La propuesta, acusada como absurda e insolente por algunos, y como una obra de arte conceptual por otros, es una muestra de que el escándalo y el morbo atrae y gusta al público y algunos promotores de actividades artísticas.

Barragán murió en 1988, y posteriormente sus archivos fueron ofrecidos a varias instituciones y organizaciones en Guadalajara y en la Ciudad de México, sin ningún resultado; una prueba más del desprecio por la cultura. Ante ese desinterés, el archivo fue vendido en Nueva York a una galería de arte, que a su vez lo vendió en 1994 a Rolf Fehlbaum, presidente de Vitra, la compañía internacional de mobiliario; que lo regaló a su esposa Federica Zanco, una experta en arquitectura. Ese mismo año colaboré en la publicación sobre la obra completa de Barragán (Editorial Tanaís, Sevilla), que se editó en varios idiomas; y se organizó también una exposición que se presentó en Madrid y en México.

Federica Zanco creó la Barragán Foundation y se ha dedicado a promover ese legado. Pero su determinación de tener el archivo ha molestado a muchos que la acusan de entorpecer el estudio de la obra de Barragán. Realizó un libro (The quiet revolution. Milán, Skira, 2001 / La revolución callada. Barcelona, Gustavo Gili), que es uno de los mejores que se ha editado sobre la obra de Barragán; y montó una exposición en el Palacio de Bellas Artes (2002), que se presentó en Basilea, Viena, Londres, Tokio y Valencia. En esa ocasión dijo: “Luis Barragán ha sido una presencia diaria en mi vida durante los últimos siete años; y ese tiempo me ha dado la oportunidad de conocer y amar a México”. Ante ese esfuerzo y dedicación, resulta ridículo que se le acuse de “bloquear” el legado de Barragán.

La destinataria del “anillo de compromiso”, que se ofreció a cambio del archivo Barragán, es Federica Zanco, que ya lo rechazó públicamente. De manera que el anillo y la propuesta ahora no tienen sentido. Eso es parte de la cultura del espectáculo que Subirats definió: “La producción artística alcanza hoy al mismo tiempo una expansión masiva de sus posibilidades técnicas y comunicativas, una difusión multitudinaria a través de nuevos y poderosos medios de reproducción, y una pérdida de significancia en cuanto a su dimensión interior, reflexiva, evocativa o expresiva”.

Ante el espectáculo del “anillo”, la interesante propuesta del arquitecto mexicano Israel López Balan no ha atraído tanta atención del público. Propone que las Torres de Satélite (ArchDaily 15 12 2016) se transformen —en una gama de grises— en un mausoleo para las urnas de Luis Barragán, Mathias Goeritz y Chucho Reyes, que fueron los autores de esas extraordinarias esculturas.

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