El derecho a una vivienda digna

La falta de atención en los programas de vivienda  ha sido para la gente que no “califica”

Una de las tareas pendientes en el análisis de la arquitectura en México es la evolución de los programas de vivienda digna, para los que no la tienen. Se han publicado varias monografías de los programas de vivienda del Infonavit y del Fovissste que resaltan la importancia que a nivel nacional han tenido. Sin embargo, apenas se ha analizado el efecto de esos programas, cuando se convirtieron en propuestas financieras y se olvidó cómo debería vivir dignamente la gente; y así se construyeron millones de viviendas mal ubicadas, sin servicios urbanos mínimos, que ahora están vacías o vandalizadas.

Un análisis mínimo revela que la falta de atención en los programas oficiales de vivienda —tanto de las autoridades como de los arquitectos— ha sido para la gente que no “califica”, porque tiene ingresos mínimos. Esos millones son los que han construido progresivamente gran parte de nuestras ciudades, sin apoyo económico o técnico. El proceso se ha iniciado con la ocupación o compra de terrenos la mayoría de las veces irregulares y la progresiva construcción de viviendas.

Un caso excepcional en la promoción de la vivienda digna, tanto por el valor de su obra, como por su impacto social en México, ha sido el trabajo del arquitecto Enrique Ortiz Flores. Para dar a conocer de manera más amplia sus proyectos y realizaciones, la fundación alemana Rosa Luxemburg ha publicado una monografía que brinda varias sorpresas: la primera es la enorme experiencia del arquitecto Ortiz Flores y la diversidad y magnitud de su obra; la segunda es la calidad de los grupos y de las personas con las que ha colaborado; la tercera es que el financiamiento de la edición fue de la fundación alemana Luxemburg y no de una mexicana, que sería más adecuado, aunque muchas veces las fundaciones sólo se usan para evadir el pago de impuestos.

Finalmente, es importante mencionar la gran calidad de la edición, cuya distribución es gratuita, porque su venta está prohibida (Ortiz Flores E. Hacia un habitat para el buen vivir. Rosa Luxemburg Stiftung, México 2016).

La labor del arquitecto Ortiz Flores es ejemplo de responsabilidad profesional y de esfuerzo a lo largo de 50 años.

Fue director de Copevi, la primera organización social para promover la vivienda en México (1965) que desarrolló programas de construcción y regeneración, por medio de cooperativas. Esa experiencia ha marcado su trayectoria, porque entendió que la vivienda popular no es un resultado, sino un proceso y que, como tal, requiere de la gente, el lugar y el tiempo adecuados para lograr consolidar esos proyectos con la participación —además— de asesores financieros y técnicos. Fue invitado después al Programa Nacional de vivienda (1977-1982), por el titular de la SAHOP, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez; y después a Fonhapo, donde promocionó el financiamiento de 250 mil acciones de vivienda en las que se recuperó 93% de los recursos.

Su participación en algunas iniciativas como la Carta de la Ciudad de México por el derecho a la ciudad (2010) ha sido importante; y se recogió en la nueva Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, que se presentó, en octubre de 2016, en la reunión Habitat III en Quito.

Su incitación a… “apostar por lo imposible” hace que este libro sea especialmente valioso. Entre muchos reconocimientos, uno significativo fue el Premio Nacional de Ingeniería y Arquitectura, que recibió en 2015.

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