Ciudad Universitaria: 60 años

Como todas las historias, cada una de éstas tiene aspectos brillantes y oscuros

Diseñar la ciudad ideal es el sueño de todas las utopías; construirla es algo mucho más complicado y difícil. Lo sorprendente es que en nuestra ciudad se han construido varias utopías, que en su momento parecían irrealizables. En sólo una década —de 1946 a 1956— se construyeron los Jardines del Pedregal, la Ciudad Universitaria y Ciudad Satélite, que iniciaron una etapa de expansión de la ciudad.

Como todas las historias, cada una de éstas tiene aspectos brillantes y oscuros; mitos y realidades que son difíciles de conocer y descifrar. En el caso de la Ciudad Universitaria (CU), la valiosa publicación sobre su desarrollo permite comprender su enorme valor para nuestro país (Lizárraga S. / López Uribe C. Habitar CU. UNAM, Facultad de Arquitectura, 2014). Este libro-homenaje, con cuatro capítulos y con la participación de 16 autores, describe esa historia; desde la CU como proyecto, hasta las miradas críticas del presente.

Como todo proyecto, el de CU tuvo antecedentes importantes: en 1936 Le Corbusier presentó el plan para la Ciudad Universitaria en Río de Janeiro y en 1940 se había iniciado la construcción de la de Caracas.

Desde 1943, Diego Rivera había enfatizado la importancia del Pedregal de San Ángel: Como localización de una nueva ciudad, el Pedregal no tiene ninguna de las desventajas climáticas y económicas que sufren las partes centrales de la Ciudad de México… todo lo anterior hace que el Pedregal constituya una enorme riqueza potencial que debe ser explotada. (Eggner K.L. Barragan’s gardens of el Pedregal. Princeton Architectural Press, 2001, p.136). Rivera ya había comprado un terreno en San Pablo Tepetlapa, donde construiría el Anahuacalli; y Luis Barragán lo había hecho también para el fraccionamiento Jardines del Pedregal.

Con ese mismo objetivo se arregló la compra —en 1946— de 733 hectáreas para construir la Ciudad Universitaria (p.40).

El 2º. capítulo revela nueva información sobre el desarrollo —desde 1947— de los diversos proyectos para la CU; que muestran su evolución y las disputas por la autoría del conjunto. Un aspecto que no se había investigado como ahora, fue el Sistema vial de flujo continuo, que se aplicó en la CU y constituyó un ejemplo mundial (p.179).

Se analizó también el impacto que CU ha tenido a nivel mundial, en la cultura de la ciudad, y en los medios de comunicación. En la parte final se analizaron las recientes intervenciones, en los edificios del MUAC, de la Unidad de posgrado y para el Programa de especializaciones en economía, y se señala que no hubo concursos que garantizaran la calidad de los proyectos; que no se integran al conjunto, porque se diseñaron como “auto-monumentos”.

Como se señala, esta obra es una valiosa etapa, que habrá de continuarse: “La investigación está lejos de ser exhaustiva, lo cual implica que estas líneas no sean una conclusión, sino una invitación a proseguir con un camino marcado” (p.131).

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