Arquitectura: otras frases

P. Johnson dictaminó que la forma sigue a la  forma e invitó a copiar el constructivismo ruso.

Las frases cuanto más cortas, son mejores. En arquitectura su principal atractivo es que resumen ideas y proponen soluciones. Permiten que arquitectos que no tienen tiempo o no les gusta complicarse se identifiquen con una propuesta sencilla, que puedan recordar. 

Como después del posmodernismo había que encontrar algo que lo sustituyera, se promovieron frases para fijar una nueva alternativa. Philip Johnson, quien lo apadrinó, lo mismo que había hecho antes con el funcionalismo, cambió una vez más y dictaminó: “La forma sigue a la forma” e invitó a copiar el constructivismo ruso. Poco después, el énfasis no fue ya en la arquitectura, sino en la escala urbana de las ciudades; así surgió el new urbanism, que proponía exclusivos desarrollos suburbanos para ricos y famosos, con arquitecturas nostálgicas del pasado norteamericano, en varios formalismos: californiano, de nueva Inglaterra o tejano.

Pero no fue una frase, sino las letras lo que se convirtió rápidamente en una guía para desorientados: S, M, L, XL: las tallas de camisas y de ciudades. Una recopilación de textos —que se convirtió en biblia de arquitectos y urbanistas- humildes discípulos— que celebraron con ojos trasfigurados la verdad revelada por el mesías: el caos, la congestión y la especulación no eran, después de todo, tan malos. El mesías sólo describía la realidad… y los demás tenían que aceptarla como criterio de diseño, en sus diversas escalas.

Ante la catástrofe que fue la quiebra de la especulación inmobiliaria de 2007, que merecería la cárcel para algunos de los creativos financieros que promovieron millones de hipotecas —sobre las hipotecas—, la actividad de ese mercado se paralizó. Surgieron —rápidamente— soluciones para reactivarlo: arquitectura necesaria, hacer más con menos, o arquitectura responsable, fueron frases que, en improvisadas conferencias, se usaron por figuras que años antes festejaban la riqueza con edificios cada vez más absurdos y que después —compungidos— exigieron sensatez a los demás.

Arquitectura verde es una frase que ha surgido paulatinamente, y que se ha consolidado a medida que avanzan los gastos y las graves consecuencias de edificios mal diseñados, sin un mínimo cuidado de su impacto ambiental. Arquitectura sustentable es otra frase que —finalmente— se ha convertido en arquitectura sostenible. Por eso, el término sostenible se aplica ahora como etiqueta a cualquier escala de los artefactos; incluidas las ciudades. Ante el desperdicio de la arquitectura de la abundancia, ahora se impulsa una estética sobria y de larga duración, que permita ahorrar lo que antes se dilapidó. Se promueve también la frase ciudades inteligentes; que plantea un mundo feliz, controlado y vigilado por fabricantes de equipos costosos, que resulta muy atractiva para autoridades no-inteligentes.

La revolución causada por las tecnologías electrónicas ha provocado que ahora los clientes acepten como si fuera un milagro el dibujo por computadora, que muchos arquitectos utilizan para promover proyectos plagados de errores humanos. Una frase muy atractiva que está de moda es arquitectura paramétrica; que otro mesías propone con claridad envidiable: “el parametricismo sólo puede realizarse por medio de sofisticadas técnicas paramétricas”. No, pues sí; aunque el problema es que esos edificios son muy caros y complicados. Por eso es difícil que la frase: “por un parametricismo paramétrico” llegue a ser popular.

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