El fenómeno Gaudí
Durante mucho tiempo sus obras han sido consideradas como excéntricas y “raras”
El arquitecto (1852-1926) diseñó una banca para la cripta de la Colonia Güell que se vendió recientemente en una subasta en Londres en 400 mil euros. Otras bancas iguales forman parte de las colecciones de los Museos de Arte Moderno de Nueva York y del Orsay en París.
El caso de Gaudí es notable, porque durante mucho tiempo sus obras han sido consideradas como excéntricas y “raras”. Desde que estaba en la escuela de arquitectura sus obras me parecieron interesantes, aunque es difícil comprenderlas más allá de su apariencia externa. Además, como entonces las obras internacionalmente reconocidas seguían la tendencia funcionalista dominante, las de Gaudí —que son ejemplos extraordinarios de un modernismo diferente— no se valoraban.
Esa diferencia explica por qué —para varias generaciones— las obras de Gaudí fueron menospreciadas, excepto para un reducido grupo de admiradores. Paulatinamente con la publicación de artículos y libros y una campaña de promoción se ha logrado interesar no sólo a los arquitectos, sino también al público en general en lo que ahora es una especie de culto con muchos seguidores. Como resultado de ese esfuerzo, Gaudí se ha convertido en un fenómeno mundial: tiene ahora siete obras catalogadas como Patrimonio de la Humanidad: la Casa Milà (La Pedrera), la Batlló, la Vicens, el Palacio, el Parque, la cripta de la Colonia que realizó para la familia Güell, la fachada de la Natividad y la cripta de la basílica de la Sagrada Familia que, en 2015, recibieron 8.2 millones de visitantes.
Ese creciente interés ha permitido que ahora se puedan visitar esas obras y ha acelerado la construcción de la Sagrada Familia —que durante muchos años estuvo semiparalizada y es ahora el edificio más visitado de España—. Con esos recursos se prevé que la basílica estará terminada en 2026, en el centenario de la muerte de Gaudí.
El “fenómeno Gaudí” es un ejemplo del paso apresurado desde la ignorancia al reconocimiento de sus obras, que son un fenómeno turístico que aumenta cada año el número de sus admiradores. Ahora se le reconoce como arquitecto, diseñador y extraordinario creador de estructuras, en las que utilizó arcos catenarios, bóvedas convexas e hiperbólicas, conoides, paraboloides y superficies regladas que integró en sus obras. Resulta paradójico que esas estructuras —que estaban a la vista de cualquier visitante— fueran ignoradas durante décadas y hasta la publicación de valiosos análisis sobre las obras de Gaudí se ha hecho evidente tanto su talento como su trabajo de investigación aplicada: “…Fue capaz de desarrollar la creatividad tridimensional combinando al mismo tiempo cuatro elementos clave: una extraordinaria inteligencia espacial, una contemplación profunda de la realidad, una investigación sobre modelos tangibles, y una visión pragmática de las posibilidades constructivas, estructurales y compositivas” (Gaudí: la búsqueda de la forma. Ayuntamiento de Barcelona / Lunwerg, 2002, p.30).
La habilidad y el talento de Gaudí quedaron manifestados en celosías y barandales de hierro forjado, vitrales, mobiliario, lámparas y en la extraordinaria técnica para recubrir con pedacería de azulejo vidriado muros, techos y pisos. Gaudí fue realmente un fenómeno, pero no por su rareza, sino porque ni en su generación ni en las siguientes se le comprendió; fue la gran figura del “modernismo” catalán y lo sigue siendo.
