La crisis del agua sólo se entiende cuando se abre la llave y no fluye nada. Esa crisis puede ser temporal; como es cada vez más frecuente en muchas zonas de nuestra ciudad, o una que se prolongue tanto que resulte en graves conflictos sociales. Esta semana, en la colonia Cuauhtémoc, vi —en una misma cuadra— dos pipas de agua abasteciendo un edificio de oficinas y un restaurante. Ésa es señal de una crisis temporal, lo grave es que indica una severa situación futura que como se analiza en un reciente estudio: …sitúa a la metrópoli en una condición de inestabilidad e incertidumbre… por su alta vulnerabilidad a desastres ecológicos en proceso y en el futuro (De Alba F. El agua en tiempos de incertidumbre. Cámara de Diputados / Cesop/ Universidad Autónoma Metropolitana-C, 2016)
Como todas las crisis, la del agua sólo se ha hecho evidente de manera gradual. Actualmente, el problema no es para el que la tiene y desperdicia, sino para el que no la tiene, o la tiene condicionada.
Dotar de agua a 21 millones de habitantes no es algo que se resuelva fácilmente, pero eso se complica más si el consumo por persona en el Valle de México es más alto que los promedios internacionales. Por eso se necesita concebir a la zona metropolitana no sólo como territorio, sino como una región mayor, que incluye fuentes de abastecimiento, y ese aspecto implica la participación de los gobiernos del Estado de México y de nuestra ciudad. Para atender el problema, que rebasa fronteras políticas, es imprescindible que la Comisión Metropolitana funcione y logre acuerdos entre gobiernos, y los actores sociales y políticos. De no hacerlo, es previsible que aumenten las crisis, los conflictos o la ingobernabilidad.
Aunque el abasto de agua potable es un problema mundial, no se le ha dado la importancia que merece.
Los organismos internacionales del agua son relativamente recientes; el World Water Council se fundó en 1996 y es la red mundial más importante. Tiene más de 300 miembros y agrupa al sector académico, público, y privado —que es el más numeroso: compañías constructoras, industriales y de servicios.
En el Foro Mundial del Agua, celebrado en México (2006), José Angel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, señaló que sólo 5% de la asistencia oficial para el desarrollo es asignado al agua, y que hacía falta un aumento en el financiamiento.
La declaración final del foro reconoció la importancia del agua para el desarrollo sostenible y destacó la necesidad de incluir el agua y el saneamiento entre las prioridades de los procesos nacionales. Esa declaración era bien intencionada, y nada más.
Sin embargo, el problema mundial de abasto ha aumentado y la escasez de agua y el aumento de la población mundial indican que para 2020 entre 30 y 40% tendrá escasez de agua, y con los efectos del cambio climático eso podría ser peor. Un estudio reciente del World Water Council y la FAO señala que en el futuro se necesitarán innovaciones en los sistemas de gobernanza del agua para resolver exitosamente los retos de abasto y administración, que surgen cuando aumenta la escasez del agua (fao.org/3/a-i4560e.pdf). Ese señalamiento es importante porque al final de mayo de 2017 se celebrará en México el XVI Congreso Mundial del Agua —con el apoyo de la Conagua— para compartir experiencias y presentar avances científicos en la investigación y en las políticas sobre su manejo.
