Valle de México: expansión urbana en el futuro
Una realidad que es poco conocida es que en el Valle de México se han integrado varias ciudades. Este fenómeno se gestó en un tiempo relativamente corto; desde 1950 hasta ahora. En ese lapso se ha unido a la CDMX un conglomerado de ciudades en el Estado de México. ...
Una realidad que es poco conocida es que en el Valle de México se han integrado varias ciudades. Este fenómeno se gestó en un tiempo relativamente corto; desde 1950 hasta ahora. En ese lapso se ha unido a la CDMX un conglomerado de ciudades en el Estado de México. Aunque se les considera como conurbaciones, éstas son —desde hace poco tiempo— por su extensión, población y densidad de construcción verdaderas ciudades que, si se toma en cuenta un mínimo de 250 mil habitantes, suman 14. La más grande es Ecatepec y la menor es La Paz. Un ejemplo de esta rápida expansión es Chimalhuacán, que en 1970 tenía 21 mil habitantes y en 2010 más de 600 mil.
Este conglomerado de ciudades tiene —según se estima— 20.8 millones de habitantes y es la zona metropolitana más grande del país. El proceso ha aumentado la centralidad de la CDMX, porque el mercado de trabajo y muchos servicios aún se concentran en ella. Esa estructura urbana es radiocéntrica y en su periferia es dispersa, con asentamientos sobre las principales vialidades. El uso extensivo y fragmentado del suelo ha provocado un crecimiento horizontal de baja densidad que ha hecho muy difícil, y de enorme costo, introducir la infraestructura y los servicios urbanos.
Se ha analizado que la expansión de la CDMX será vertical, pero resulta indispensable hacerlo también en el territorio del Estado de México, donde la expansión ha sido horizontal y muy rápida, con un alto porcentaje de ocupación ilegal de la tierra, a menudo invadiendo zonas agrícolas, ecológicas o de riesgo.
Por eso es necesario integrar y densificar la CDMX y las otras 14 en el Valle de México. Es urgente que las Comisiones Metropolitanas promuevan: delimitar los límites físicos de cada una de las ciudades en el Valle de México para establecer una dimensión “máxima” de su crecimiento, que permita cuantificar el límite de sus demandas de agua, infraestructura y servicios futuros. Densificar la ocupación del suelo en las ciudades periféricas promoviendo oferta para asentamientos regulados y sustentables, y evitar así la invasión de áreas no aptas para el desarrollo. Fortalecer la vinculación entre esas ciudades, articulándolas como sistemas microrregionales en cadenas comerciales y productivas, para disminuir los desplazamientos masivos hacia la CDMX y entre los lugares de trabajo y la vivienda, consolidándolas como un sistema interrelacionado para reducir su dependencia con respecto a la CDMX. Ampliar la base industrial —52 ramas— de la ZMVM, para aprovechar el potencial instalado y la posibilidad de exportación.
Para hacer posible y facilitar esas acciones es preciso que también se promueva: aumentar la captación de los municipios actualizando registros y catastros para los impuestos predial y de traslado de dominio; y los cobros por suministro de servicios públicos, como agua, recolección y tratamiento de la basura y seguridad. Consolidar a las ciudades del Estado de México como nodos de un sistema, ampliando sus redes viales, infraestructura y servicios. Construir obras estratégicas, como el Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX en Texcoco y centros multimodales. Revitalizar la centralidad de las ciudades en el Valle de México, incluida la recuperación de sus centros históricos, no como proyecto escenográfico, sino con acciones de promoción cultural, económica y social. Ésa puede y debe ser la futura expansión de las ciudades en el Valle de México.
