Ciudad de México: contaminación, tránsito, etc.
En las páginas de Excélsior se ha hecho una cobertura amplia y detallada del problema de la contingencia ambiental que en marzo alcanzó por primera vez en 14 años los 203 puntos Imeca. Se han denunciado sus graves consecuencias, y en esta columna algunos lectores han ...
En las páginas de Excélsior se ha hecho una cobertura amplia y detallada del problema de la contingencia ambiental que en marzo alcanzó —por primera vez en 14 años— los 203 puntos Imeca. Se han denunciado sus graves consecuencias, y en esta columna algunos lectores han comentado que no se han tomado en cuenta los efectos que tiene el Hoy No Circula para millones de personas, los problemas que generan las marchas y bloqueos en calles y avenidas, la urgencia de que el gobierno mude secretarías de Estado a otros lugares más adecuados en la República y que los conductores de autos usen un controlador digital para facilitar sus viajes.
Eso muestra que no se han atendido eficientemente los problemas de la contaminación ambiental, la congestión del tránsito vehicular ni los efectos negativos para la salud que provocan en la población. Para agravar más esta situación —como suele ocurrir en estos casos—, se ha dado a conocer la falta de planes y acciones coordinadas del gobierno de la CDMX para prevenir y evitar contingencias, como la ambiental. Uno de los problemas que Excélsior ha revelado es muy grave: el terrible efecto contaminante de los gases y partículas que aún se liberan en el Bordo Poniente, que es de alrededor de 1.2 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, semejante al que producen un millón de vehículos, que se suma al que producen los 5.4 millones de autos y camiones, y al que se libera en las zonas industriales.
La reacción de las autoridades ha sido confusa. Han hecho declaraciones y acciones improvisadas, como la instalación del Comité Científico-Técnico de Vigilancia sobre la contaminación atmosférica o anunciar medidas más drásticas en la aplicación del Hoy No Circula. Quizá esperando que con las lluvias baje la contaminación, y que la gente se olvide de esos problemas. En los casos de emergencia, lo habitual es culpar a las autoridades o al gobierno, aunque ahora es evidente que durante años las autoridades de la CDMX dejaron que los problemas de la ciudad se acumularan, hasta que ahora les reventaron a otros.
Napoleón decía que si quería solucionar un problema nombraba a un responsable, pero que si —por cualquier razón— no quería resolverlo nombraba a un comité. En México, al igual que en otros países, hay una larga lista de comités, que en largas sesiones llegan a “recomendaciones y sugerencias” que no se aplican.
La contingencia ambiental reveló que en la ciudad no hay propuestas y acciones para prevenirla. Por eso, se necesita un grupo —no veinte comités— que tenga la representación de todas las áreas del gobierno de la CDMX, para desarrollar planes —que deben ser publicados y cumplidos— para atender problemas concretos, con acciones a corto, mediano y largo plazos. Un ejemplo útil para lograrlo, que se ha aplicado ya en 40 ciudades en Latinoamérica, es la Guía Metodológica y el Plan de Acciones del Banco Interamericano de Desarrollo y Banobras.
Ahora que está de moda la “resiliencia”, que es la capacidad de una ciudad para prevenir y atender los desastres, minimizando los impactos causados por fenómenos naturales o por acciones que destruyen el ambiente, y la “sostenibilidad”, que protege y conserva el medio ambiente para mejorar la calidad de vida para las futuras generaciones, comprobamos —con la contingencia ambiental— que la capacidad de “resiliencia” y la “sostenibilidad” de la CDMX —desde hace más de veinte años— son muy bajas.
