Concursos de arquitectura: México

Las convocatorias públicas promueven y mejoran la calidad del trabajo profesional.

Durante muchos años los proyectos de edificios públicos en México se asignaron de manera arbitraria, sin que se concursaran públicamente. Fue una práctica que sólo benefició a pocos amigos y afectó a miles de arquitectos, privándoles de la posibilidad de participar. Así, se premió la amistad, no el talento, y se permitieron actos de corrupción injustificables. Sin embargo, paulatinamente, como resultado de la presión social, se organizaron concursos públicos en varias partes del país. La necesidad de reconocer el enorme movimiento social que se produjo como consecuencia del terremoto de 1985 en nuestra ciudad, motivó que se propusiera un concurso nacional para diseñar un monumento en el terreno que ocupó el Hotel Regis, contiguo a la Alameda. El resultado fue un desastre en muchos aspectos. El primero, que se ocultó 20 años, fue que se sustituyó el proyecto ganador (Excélsior. 28/06/2009) y se premió al segundo lugar. Además, como era un plagio (Excélsior, 21/03/1986), se provocó un escándalo que motivó la suspensión de la obra.

Otro desastre fue el resultado del concurso internacional para la nueva Biblioteca Pública del Estado de Jalisco (2005), en el que de manera absurda las autoridades del Centro Cultural de la Universidad de Guadalajara modificaron completamente las fachadas del edificio. Algo que parece increíble, porque el edificio premiado tiene ahora unas fachadas que –además– son un plagio. Una arbitrariedad que constituye una burla a la decisión del jurado, y una violación a los derechos de autor de los ganadores del concurso. El desastre más reciente fue el resultado del concurso para diseñar el Arco del Bicentenario, como se propuso en la convocatoria (2010). El proyecto fue una enorme sorpresa y una enorme lápida que se bautizó como “Estela de Luz”, cuyo costo fue enorme y tardó dos años en construirse.  

Sin embargo, también se han realizado concursos con magnífico resultado, como el del Monumento al Bicentenario, en la entrada a la ciudad de Toluca, inaugurado en 2011; el de la sede de la Cámara de Senadores y el de la terminal del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Si se analizan los resultados de los concursos de arquitectura –desde el siglo XIX– se puede comprobar que han sido ejercicios que permiten una participación democrática.

Han sido también extraordinarias oportunidades para que se beneficien las ciudades en donde se han construido esos edificios o monumentos. Algunos, los más importantes, incluso se han convertido en símbolos que las distinguen a nivel mundial. En muchos casos, el resultado del concurso ha permitido que jóvenes arquitectos sean reconocidos. Otro aspecto importante es que muchas obras premiadas han sido verdaderos avances creativos y técnicos, a pesar de que en su época provocaron numerosas reacciones negativas. Una ventaja más es que han contribuido a elevar el nivel de participación social y de calidad de las obras. Las sorpresas han sido también negativas, porque muchas veces tanto el jurado como los organizadores, violentan las bases del concurso o favorecen a conocidos. Es frecuente que no se analicen las características del proyecto premiado y se provoque el aumento excesivo en los costos o en el tiempo de construcción de la obra. Sin embargo, es evidente que los concursos públicos de arquitectura tienen más ventajas que defectos, porque promueven y mejoran la calidad del trabajo profesional.

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