Grandes concursos: París
La libertad para participar en los concursos permite que arquitectos jóvenes, o desconocidos, puedan ganarlos, iniciando así una carrera que rebasa fronteras y los convierte en figuras internacionales. Para los organizadores las ventajas, también son importantes, porque ...
La libertad para participar en los concursos permite que arquitectos jóvenes, o desconocidos, puedan ganarlos, iniciando así una carrera que rebasa fronteras y los convierte en figuras internacionales. Para los organizadores las ventajas, también son importantes, porque reciben centenares de proyectos sin pagar su costo.
Muchas veces el resultado de los concursos sorprende, como sucedió en los que se realizaron en París el siglo pasado. En 1971 se organizó uno para diseñar el Centro Nacional de Arte y Cultura. El jurado estuvo integrado por los arquitectos Oscar Niemeyer, Jean Prouvé y Philip Johnson. Los ganadores —entre los 681 equipos que participaron— fueron Renzo Piano, Richard Rogers y Peter Rice; que entonces eran totalmente desconocidos. Ese proyecto enfrentó muchas críticas, porque está en un barrio histórico y por su diseño poco convencional, pues tiene una impresionante estructura metálica y todas las instalaciones están expuestas. Fue tal el rechazo que al concluirse la obra en 1977
—como Centro Pompidou— el periódico Le Figaro publicó: “París tiene ahora su propio monstruo”. Lo extraordinario es que el centro revolucionó el diseño de los museos, y se ha convertido en un foco de atracción popular que ha tenido más de 200 millones de visitantes.
En 1981 el presidente Mitterand organizó una serie de grandes concursos: la ampliación del museo del Louvre, una propuesta para la plaza de la Defensa, el parque de la Villette, la Ciudad de la Música, el Instituto del Mundo Árabe y la Biblioteca Nacional. Uno de ellos fue para diseñar un conjunto situado sobre el eje que comienza en el Louvre, sigue por Campos Elíseos, el arco del Triunfo, y culmina en la plaza de la Defensa. El ganador —entre los 424 concursantes— fue el arquitecto danés J. O. von Spreckelsen: otro desconocido. El edificio, inaugurado en 1989, es un cubo hueco de 110 metros de lado, que
se ha convertido en un referente en la zona.
La ampliación del museo de Louvre se concursó en 1984. El arquitecto I.M. Pei lo ganó, aprovechando el Cour Napoleón -que se usaba como estacionamiento- para entrar a un subterráneo, que comunica con las salas del museo. Una hermosa pirámide de cristal, en el centro, sirve de entrada. La propuesta fue atacada porque “destruía” la imagen clásica de los edificios del museo y porque representaba “el complejo faraónico” de Mitterrand. La pirámide es muy atractiva -sobre todo iluminada de noche- pero una de sus caras tiene una construcción que sirve como entrada. Ese diseño no ofrece ninguna protección a la gente que -en fila- espera pacientemente entrar al museo; y el problema se agrava porque el Louvre recibe más de nueve millones de visitantes cada año.
El último de los “grandes proyectos” de Mitterrand fue la Biblioteca Nacional de Francia (1995). En el concurso participaron 244 grupos y el ganador fue otro desconocido, el arquitecto francés Dominique Perrault. La Biblioteca, que se construyó en unos patios abandonados del ferrocarril, es un espacio público con una enorme plataforma con vista el río Sena y cuatro torres de cristal de 80 metros de altura. Al centro tiene un jardín hundido y en rodeándolo están las salas de lectura que tienen una vista muy atractiva, con luz natural. El conjunto es de una extraordinaria sencillez; aunque es muy discutible que los depósitos de libros estén en las torres de cristal, que se tuvieron que cubrir con paneles para evitar la entrada de calor y luz solar.
