Vanguardia Rusa, un mundo nuevo
La exposición Vanguardia Rusa, en el Palacio de Bellas Artes constituye una iniciativa valiosa para comprender ese movimiento artístico y su impacto en la evolución del arte y el diseño en el siglo XX. Por primera vez en México, después de 80 años, se presenta una ...
La exposición Vanguardia Rusa, en el Palacio de Bellas Artes constituye una iniciativa valiosa para comprender ese movimiento artístico y su impacto en la evolución del arte y el diseño en el siglo XX. Por primera vez en México, después de 80 años, se presenta una selección de obras de las colecciones de 25 museos —de 1911 a 1934— y que son aún prácticamente desconocidas.
La exhibición resume la formidable propuesta para conformar una nueva cultura material después de la revolución rusa, la cual abarcó obras de arquitectura, diseño de carteles, cine, collages, escultura, fotografía, pintura, y escenografías y vestuario para danza y teatro, que todavía son prueba de la audacia y el talento de una generación de jóvenes que diseñaron e intentaron construir un mundo nuevo. Alexander Ródchenko declaró: “Rusia ha dado a luz su propio arte”.
La lista de arquitectos, artistas y diseñadores es impresionante. Muchos realizaron obras en cine, escenografía y vestuario, como Eisenstein; en arquitectura, escultura, fotografía y pintura; como Chernikov, Lissitzky, Malévich, Mélnikov, Popova, Ródchenko, Tatlin, o los hermanos Vesnin. Ese mundo nuevo requería grandes monumentos como los proyectos para la 3ª. Internacional de Tatlin, el Instituto Lenin de Leonidov, o la tumba de Lenin de Shchusev; y de pequeños artefactos, como las porcelanas de Kandinsky, o de Tatlin. El fervor revolucionario se manifestó en las calles con carteles de extraordinarios diseños con fotografía y tipografía.
La influencia de las vanguardias rusas se extendió en Alemania y Francia, con el intercambio entre las dos escuelas europeas de diseño más importantes: los Vkhutemas de Moscú y la Bauhaus de Dessau y, en París, con el premio que recibió en la Expo de 1925 el pabellón de la URSS, donde se presentó el trabajo y método didáctico de los Vkhutemas. Las influencias de este movimiento se pueden ver en arquitectura, cine, escultura y pintura, que se presentan en esta exhibición. Esa vanguardia atrajo a numerosos arquitectos y diseñadores como, por mencionar algunos, Le Corbusier o Hannes Meyer.
Los proyectos arquitectónicos de Chernikov, Ginzburg, Golosov, Ladovsky, Mélnikov, Leonidov o los Vesnin, son ejemplos de una creatividad que fue copiada por el “deconstructivismo”, sin darles crédito. Lo mismo sucedió con las esculturas de Tatlin, Lissitzky y Ródchenko; con las pinturas de Kandinsky, Malévich, Popova, y Rozanova. Hay grandes artistas a los que se les reserva un espacio: Lissitzky o Malévich; también hay ausencias injustificadas como las de Prokófiev, Shostakovich y Stravinsky, sus obras fueron fundamentales en el ballet y cine de la vanguardia.
Un espacio se dedica al teatro, y otro a obras de cine, donde destacan escenas de las películas El acorazado Potemkin y Aelita, cuyas escenografías y vestuario son un antecedente de los guardias del imperio de la Guerra de las Galaxias.
Olvidada, partir de los treinta, la experiencia de la vanguardia no volvió a tener significación hasta que se inició en la Unión Soviética y en otros países el rescate de su historia y documentos. El avance de una práctica retrógrada y dogmática se presentó en 1930, Stalin había decretado que la construcción de la cultura material soviética tenía que ser identificada con símbolos históricos de grandeza; una extraña coincidencia con las preferencias estéticas de Hitler y del régimen totalitario nazi. La formidable y ambiciosa propuesta de la vanguardia rusa representó la creación de un arte nuevo, implicó una tarea extraordinaria. Aunque es innegable que esa meta no podía haber sido más ambiciosa: la creación de un movimiento cultural iconoclasta y radical. Ante eso se debe situar la formidable utopía de la vanguardia rusa, y a sus creadores.
