El dibujo

La revolución electrónica ha sustituido al dibujo manualpara representar conceptos.

Todos hemos oído que una imagen vale más que mil palabras. Nuestra cultura visual es la prueba de eso, y de la progresiva pérdida de la capacidad de comunicarnos por escrito. Aunque se conservan dibujos de más de 30 mil años, la revolución electrónica ha sustituido paulatinamente al dibujo manual como medio para representar conceptos e ideas. Sin embargo, la unión de la mente y la mano, por medio de un pedazo de carbón, un lápiz o una pluma, es la prueba de la evolución del hombre y de sus artefactos. Desde los bisontes de la cueva de Altamira, hasta los dibujos de Picasso, el soporte de las ideas e imágenes ha sido y será el dibujo.

Aunque vivimos aún dentro de la revolución provocada por el invento de Gutenberg (1438) y también en la avalancha de imágenes que define nuestro entorno, hay pruebas contundentes de que la mano es aún más rápida para dibujar que una computadora. Haga la prueba: dibuje un círculo, e intente hacerlo también con un programa de computadora; para cuando esté conectada, tendrá decenas de círculos dibujados en un papel.

Mucha gente supone que los dibujos deben ser “bonitos” y por eso se obliga a miles de niños a dibujar lo que no quieren, en lugar de darles libertad para que expresen lo que ven o imaginan. Algo similar ocurre con los dibujos de los arquitectos, porque los dibujos de Le Corbusier no son bonitos, simplemente fueron útiles para transmitir sus ideas. Él mismo decía: “Prefiero dibujar, que hablar. El dibujo es más rápido, y miente menos”. Ésa es la diferencia entre dos maneras de expresarse, que —además— definen diversas actividades y profesiones. La mejor —evidentemente— es la combinación de las dos, como es el periódico que está leyendo y que publica también imágenes y dibujos.

La enorme complejidad y rapidez de algunos procesos electrónicos hace suponer que el dibujo manual es obsoleto, aunque no es así. Lo que es evidente es que ahora, con la ayuda de programas electrónicos, se realizan dibujos de gran calidad y complejidad, que ya no se hacen manualmente. Ante eso, muchos suponen que dibujar es inútil, y ya hay varias generaciones que no saben dibujar manualmente, o que no saben usar la computadora para dibujar.  Esos extremos muestran la enorme confusión sobre las posibilidades de esas dos formas de dibujar. La primera es aún la manera más rápida y efectiva de expresar ideas, conceptos  e imágenes, y la segunda, es también la más rápida manera de desarrollarlos, detallarlos y construirlos. Por eso es absurdo que en algunas escuelas se prohíba dibujar a mano, o por computadora, cuando lo que se necesita —simplemente— es dibujar con cualquier medio. Basta ver la forma en que los arquitectos, escultores y pintores trabajan para poder comprender que el dibujo manual es —y seguirá siendo— la mejor forma de expresión y miles de dibujos mundialmente reconocidos lo prueban.

La publicación de los dibujos del arquitecto Norman Foster (Drawings: 1958-2008. Madrid, IvoryPress, 2011), es una prueba clara de la importancia del dibujo en el desarrollo de sus obras. Con más de 200, realiza un recorrido desde sus años como estudiante en la Universidad de Manchester hasta los más recientes, que son una guía didáctica para el que quiera conocer una obra que es valorada a nivel mundial. Esos dibujos y los que realizó para el nuevo aeropuerto de México revelan —sin palabras— su manera de trabajar; algo que difícilmente se aprende en muchas escuelas de arquitectura.

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